La suficiencia de Cristo y el límite de la vida terrenal
La Biblia enseña que la salvación es por gracia mediante la fe en Jesucristo (Efesios 2:8-9), y que la obra redentora de Cristo en la cruz es suficiente y completa para el perdón de los pecados (1 Juan 1:7; Colosenses 1:13-14). Hebreos 9:27 establece un principio claro:
"Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio".
Esto significa que la oportunidad de arrepentimiento y redención está limitada a esta vida. Una vez que una persona fallece, su destino eterno queda en manos de Dios, y no hay evidencia bíblica de que nuestras acciones puedan alterar esa realidad. Por lo tanto, ciertas prácticas relacionadas con los fallecidos no solo son inútiles, sino que van en contra de la voluntad revelada de Dios
1. Nunca trates de comunicarte con el fallecido o invocarlo
La Biblia prohíbe estrictamente cualquier intento de comunicarse con los muertos o invocar sus espíritus. Esto incluye prácticas como el espiritismo, la necromancia o cualquier forma de consulta a los fallecidos.
La Biblia enseña en: Deuteronomio 18:10-12: "No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas". Dios considera estas prácticas una abominación porque usurpan Su autoridad soberana sobre la vida y la muerte.
Levítico 19:31: "No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios". Invocar a los muertos contamina al creyente y lo aparta de la confianza exclusiva en Dios.
1 Samuel 28:7-19: El relato de Saúl consultando a la médium de Endor para invocar a Samuel es un ejemplo claro de desobediencia. Aunque el texto describe una aparición, esta práctica lleva a Saúl a un juicio divino, no a una bendición. Los reformados interpretamos esto como una advertencia, no como un respaldo.
Intentar contactar a los muertos refleja una falta de fe en la soberanía de Dios y abre la puerta a influencias demoníacas (1 Timoteo 4:1). Como creyentes, nuestra comunicación debe dirigirse únicamente a Dios a través de Cristo, nuestro mediador (1 Timoteo 2:5).
2. Rezar por la salvación de un fallecido
La idea de orar por la salvación de alguien que ya ha muerto carece de fundamento bíblico y contradice la enseñanza de que la redención solo está disponible en vida.
La Biblia enseña en: Hebreos 9:27: "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio". Este versículo no deja espacio para un cambio en el destino eterno tras la muerte. El juicio sigue inmediatamente, y la suerte está echada.
Lucas 16:19-31: En la parábola del rico y Lázaro, Jesús describe un "gran abismo" entre el lugar de los justos y los impíos, imposible de cruzar después de la muerte. El rico no puede ser ayudado, ni siquiera por intercesión.
2 Corintios 6:2: "He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación". La oportunidad de salvación está limitada al presente, durante la vida terrenal.
La salvación es un acto soberano de Dios basado en la fe del individuo en Cristo mientras vive (Juan 3:36). Orar por la salvación de un fallecido implica que la obra de Cristo no es suficiente o que Dios cambia Su juicio, lo cual contradice Su justicia y santidad (Romanos 2:5-11).
Nuestra responsabilidad es orar por los vivos y predicar el evangelio mientras hay tiempo (Mateo 28:19-20).
3. Misas o plegarias para liberar el alma del difunto o ayudarlo a alcanzar la salvación
Las misas o plegarias con la intención de liberar un alma del supuesto "purgatorio" o ayudarla a alcanzar la salvación no tienen base bíblica y niegan la suficiencia de la obra de Cristo.
La Biblia enseña en:Colosenses 2:13-14: "Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz". La obra de Cristo es completa; no requiere adiciones humanas después de la muerte.
1 Juan 1:7: "La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado". La purificación es total para los creyentes en vida, no hay necesidad de un proceso póstumo.
Romanos 8:1: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". Los salvos no necesitan liberación después de la muerte, y los no salvos no pueden ser redimidos por nuestras oraciones.
El concepto de purgatorio, popular en la tradición católica, no aparece en la Biblia. Pasajes como 1 Corintios 3:13-15, a veces citados para apoyar esta idea, hablan del juicio de las obras de los creyentes, no de un estado intermedio de purificación. Desde la perspectiva reformada, la salvación es un regalo recibido en vida por fe (Sola Fide), y la idea de misas o plegarias para "ayudar" al difunto sugiere que la gracia de Dios es insuficiente, lo cual es contrario a la doctrina de la justificación (Gálatas 2:21).
Resumen: La oportunidad de redención solo está disponible en vida
La Biblia nos llama a vivir en obediencia a Dios y a confiar en Su justicia y misericordia. Intentar comunicarnos con los muertos, orar por su salvación o realizar rituales para "liberar" sus almas carece de apoyo bíblico y refleja una falta de confianza en el plan perfecto de Dios. En lugar de enfocarnos en los fallecidos, nuestro deber como cristianos es orar por los vivos, compartir el evangelio y vivir vidas que glorifiquen a Dios (Filipenses 1:21). La muerte marca el fin de la oportunidad de redención, pero también el inicio de la certeza en las manos del Juez justo (Apocalipsis 20:12-13).
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