Efesios 2:20 - ¿Existen Los Apóstoles Hoy Día?
¿Existen Apóstoles Hoy Día?
Una perspectiva bíblica y reformada sobre el oficio apostólico
“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”
— Efesios 2:20
En muchas iglesias contemporáneas, especialmente dentro de los movimientos neopentecostales y de la llamada “Nueva Reforma Apostólica”, es común escuchar a líderes autoproclamarse “apóstoles”, reclamando una autoridad especial y un estatus elevado dentro del cuerpo de Cristo. Se les ve en plataformas prominentes, rodeados de séquitos, con títulos como “Apóstol”, “Apóstol Mayor” o incluso “Apóstol de Dios en la Tierra”, y sus palabras se reciben con una reverencia que debería reservarse únicamente para la Escritura.
Sin embargo, al examinar las Sagradas Escrituras con diligencia y sumisión a su autoridad, descubrimos que el oficio de apóstol, tal como fue establecido en el Nuevo Testamento, tiene características únicas y requisitos específicos que no pueden cumplirse en la actualidad. En este estudio, exploraremos qué dice la Biblia sobre los apóstoles, quiénes calificaban para este oficio, por qué el cargo fue cerrado al final del primer siglo, y por qué debemos ser cautelosos con aquellos que hoy reclaman este título sin fundamento bíblico.
I. ¿Qué es un apóstol según la Escritura?
La palabra “apóstol” proviene del griego apostolos (ἀπόστολος), que significa “enviado” o “mensajero”. En el mundo greco-romano del primer siglo, el término designaba a un delegado oficial, alguien comisionado con autoridad para representar al que lo enviaba. En la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento), la palabra se usaba ocasionalmente para traducir el hebreo shaliaj, que designaba a un enviado legal con plenos poderes para actuar en nombre de quien lo comisionaba.
Sin embargo, en el contexto del Nuevo Testamento, el término tiene un significado mucho más específico cuando se aplica a los apóstoles de Jesucristo. No todos los “enviados” en un sentido general (como lo serían los misioneros hoy) califican como apóstoles en el sentido técnico y carismático que la Escritura les otorga. Hay una diferencia entre ser enviado como misionero y ser Apóstol de Cristo con mayúsculas.
Según las Escrituras, un apóstol en el sentido técnico debía cumplir con dos requisitos fundamentales e innegociables:
- ❶ 1. Haber sido testigo ocular del Cristo resucitado: Esto incluía haber visto a Jesús después de Su resurrección, como un testimonio directo y verificable de Su victoria sobre la muerte. El apóstol no predicaba un rumor, sino lo que había visto con sus propios ojos.
- ❷ 2. Haber sido comisionado personalmente por Jesús: Los apóstoles no se autoproclamaban ni eran electos por asambleas; eran escogidos y enviados directamente por el Señor para cumplir una misión única en los fundamentos de la iglesia.
Estos requisitos se ven claramente en el proceso de selección del reemplazo de Judas Iscariote, registrado en Hechos 1:21-22:
Hechos 1:21-22 “Es necesario, pues, que de los hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección.”
Matías fue elegido porque cumplía con estos criterios: había acompañado a Jesús durante Su ministerio terrenal (desde el bautismo de Juan hasta la ascensión) y había sido testigo de Su resurrección. Su elección fue confirmada por oración y sorteo bajo la dirección soberana de Dios (Hechos 1:24-26), demostrando que ni siquiera la iglesia tenía autoridad para designar apóstoles por sí sola; era Cristo mismo quien los escogía, y la comunidad solo reconocía Su elección.
II. Pablo: el apóstol “como a un abortivo”
El apóstol Pablo también cumple con estos requisitos, aunque de una manera única y extraordinaria. En 1 Corintios 9:1, él mismo declara:
1 Corintios 9:1 “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?”
Pablo tuvo un encuentro directo con el Cristo resucitado en el camino a Damasco (Hechos 9:3-6), y fue comisionado personalmente por Jesús para ser “apóstol a los gentiles” (Romanos 11:13; Gálatas 1:15-16). Sin embargo, Pablo también señala algo crucial en 1 Corintios 15:8:
1 Corintios 15:8 “Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”
Con esta declaración solemne, Pablo afirma que él fue el último apóstol escogido por Cristo. Su uso del término “abortivo” (ektroma) indica que su apostolado fue extraordinario y fuera de tiempo: no formó parte del grupo original de los doce, no acompañó a Jesús durante Su ministerio terrenal, pero recibió revelaciones directas del Señor resucitado para compensar su falta de instrucción previa (Gálatas 1:11-12).
La lista de apariciones de Cristo resucitado que Pablo ofrece en 1 Corintios 15:5-8 —a Pedro, a los doce, a más de quinientos hermanos, a Santiago, a todos los apóstoles y finalmente a él mismo— parece cerrar definitivamente el círculo de aquellos que fueron testigos directos y comisionados como apóstoles. No hay indicación en las Escrituras de que este oficio continuaría más allá de esta generación fundacional.
III. El rol único de los apóstoles en la iglesia
Los apóstoles desempeñaron un papel absolutamente único en la fundación de la iglesia. Efesios 2:20 nos enseña que la iglesia está “edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. Un fundamento, por su propia naturaleza, se pone una sola vez al inicio; no se continúa edificando capa tras capa de fundamento por los siglos. Una vez puesto, lo que sigue es la edificación de la superestructura sobre ese cimiento.
Además, los apóstoles tenían una autoridad exclusiva para establecer doctrina y guiar a la iglesia primitiva. Sus escritos, inspirados por el Espíritu Santo, forman parte del canon del Nuevo Testamento y son la norma infalible para toda enseñanza cristiana. Pablo podía decir con autoridad: “Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37). Ningún líder actual puede legítimamente hacer esa afirmación.
También tenían donde milagrosos que autenticaban su ministerio, los llamados “señales de apóstol” mencionados en 2 Corintios 12:12: “Con todo, las señales de apóstol se han hecho entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.” Estos milagros no eran para beneficio personal del apóstol, sino para validar que su mensaje venía de Dios. Cuando el fundamento quedó completo y el Nuevo Testamento fue escrito, estos dones de señalización cesaron, pues ya no eran necesarios.
IV. Comparación: Apóstoles bíblicos vs. “apóstoles” modernos
V. ¿Existen apóstoles hoy día?
Dado lo que las Escrituras enseñan sobre los requisitos y el rol de los apóstoles, debemos concluir con firmeza bíblica que no existen apóstoles en el sentido técnico del Nuevo Testamento en la actualidad. Nadie hoy puede cumplir con los criterios de haber visto al Cristo resucitado y haber sido comisionado directamente por Él. Además, el fundamento de la iglesia ya ha sido establecido, y la revelación de Dios ha sido completada en las Sagradas Escrituras (Apocalipsis 22:18-19; Judas 3).
Cualquier persona que reclame el título de “apóstol” con la misma autoridad que los apóstoles del Nuevo Testamento está yendo más allá de lo que la Biblia permite y, en la práctica, está colocando su palabra por encima o al mismo nivel que la Escritura. Esto es exactamente lo que denunciaba el apóstol Juan cuando escribió: “No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).
Sin embargo, es importante hacer una distinción justa: la palabra “apóstol” puede usarse en un sentido secundario y más amplio para referirse a “enviados” o misioneros (como en el caso de Bernabé en Hechos 14:14, quien es llamado “apóstol” en un sentido genérico de enviado de la iglesia, no en el sentido técnico de los Doce). También Silvano y Timoteo son llamados así en 1 Tesalonicenses 2:6 en un sentido amplio. Pero este uso no implica que tuvieran la misma autoridad o función que los doce y Pablo. En la iglesia contemporánea, los pastores, maestros, evangelistas y misioneros cumplen roles vitales para edificar al cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-12), pero ninguno de ellos es un apóstol en el sentido técnico y carismático del Nuevo Testamento.
VI. El peligro de la obsesión con títulos y poder
Lamentablemente, en muchas iglesias modernas, el título de “apóstol” se ha convertido en un símbolo de poder, prestigio y autoridad que no está respaldado por la Escritura. Esta obsesión con títulos elevados refleja una sed de reconocimiento humano que es contraria al espíritu humilde de Jesucristo. Como dijo el Señor en Marcos 10:43-44:
Marcos 10:43-44 “Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.”
En lugar de buscar títulos grandiosos, los líderes de la iglesia deben imitar el ejemplo de Cristo, quien “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). La verdadera grandeza en el reino de Dios no se mide por el nombre que llevamos, sino por la humildad y fidelidad con que servimos.
Además, esta obsesión con títulos a menudo va acompañada de un culto casi idolátrico hacia personalidades famosas dentro de la iglesia. Muchos creyentes, en lugar de aferrarse a la Palabra de Dios, depositan su fe en líderes carismáticos que prometen bendiciones o revelaciones especiales. Esto no solo desvía la gloria que pertenece únicamente a Cristo, sino que también expone a los creyentes al engaño y a falsas enseñanzas, como las que denunció Pablo a los corintios: “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11:4).
VII. Aplicación pastoral para hoy
Hermano lector, la enseñanza bíblica sobre el apostolado no es un tema académico sin importancia práctica. Tiene implicaciones directas para tu vida cristiana y para la salud espiritual de la iglesia. Algunas aplicaciones concretas:
- ▸ Somete toda enseñanza a la Escritura: Cualquier líder, por más carismático que sea, debe ser evaluado por la Palabra de Dios. Si alguien enseña algo contrario a la Escritura, o reclama autoridad equivalente a ella, aléjate (Hch 17:11; Gá 1:8-9).
- ▸ Desconfía de los títulos inflados: Cuando un líder exige ser llamado “apóstol”, “profeta” o “ungido” y exige sumisión incondicional, eso es una señal de alerta. Los verdaderos siervos de Cristo no buscan su propia gloria (Jn 7:18).
- ▸ Busca una iglesia fiel: Donde se predique expositivamente la Palabra, donde los líderes sean pastores que sirven y no señores que dominan, donde se respete la autoridad única de la Escritura (1 P 5:1-4).
- ▸ Abraza la humildad del evangelio: No necesitas un título elevado para ser usado por Dios; necesitas un corazón humilde, una vida consagrada y una fe arraigada en la Palabra. “Al pie de la cruz, todos somos párvulos”.
Preguntas para reflexión personal o grupal
- ¿He puesto mi confianza en algún líder humano por encima de la autoridad de la Escritura?
- ¿Sé discernir entre un pastor fiel y un falso apóstol que busca su propia gloria?
- ¿Estoy dispuesto a humillarme y servir sin buscar reconocimiento, siguiendo el ejemplo de Cristo?
- ¿Mi iglesia local se somete a la Escritura como autoridad final, o sigue “revelaciones” extras-bíblicas de líderes carismáticos?
VIII. Conclusión
La Escritura nos enseña que los apóstoles del Nuevo Testamento fueron un grupo único e irrepetible, escogido por Cristo para establecer el fundamento de la iglesia. Su autoridad y función no tienen paralelo en la iglesia actual, pues nadie puede cumplir con los requisitos que ellos cumplieron ni reclamar la misma revelación directa que ellos recibieron. El fundamento ya está puesto; Cristo es la piedra angular; la Escritura está completa.
Si alguien te invita a seguir a un “apóstol” moderno
con autoridad sobre las Escrituras,
examina sus palabras a la luz de la Biblia.
Nuestra lealtad suprema es a Cristo,
no a hombres.
Que el Señor nos conceda discernimiento para reconocer la verdad, humildad para servirle sin buscar gloria para nosotros mismos, y fidelidad para sostenernos en la roca de Su Palabra. Que nuestro único deseo sea exaltar a Cristo, el verdadero fundamento y cabeza de la iglesia, el cual es sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén. (Romanos 9:5).
Oración “Padre celestial, gracias por habernos dado el fundamento seguro de los apóstoles y profetas, con Cristo como piedra angular. Danos discernimiento para no seguir voces que se elevan por encima de Tu Palabra, y humildad para servir a Tu iglesia como Tú nos has servido. Que Cristo sea exaltado en todo, y que ninguno de nosotros busque gloria para sí mismo. En el nombre de Jesucristo, Amén.”
Sobre el autor
Andrés Martínez es un creyente en Jesucristo, convencido de que la Biblia es la Palabra inspirada e inerrante de Dios, y de que la fe reformada expresa con mayor fidelidad las verdades del evangelio tal como fueron proclamadas por los apóstoles y redescubiertas en la Reforma del siglo XVI. Escribe en De la mano del Hijo para edificar a los hermanos que anhelan crecer en el conocimiento del Hijo de Dios.
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Cristo es el fundamento · Soli Deo Gloria



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