
"Examínalo todo; retén lo bueno."
(1 Tesalonicenses 5:21, RVR1960)
(1 Tesalonicenses 5:21, RVR1960)
Un Camino Peligroso y Silencioso
Querido hermano, imagina una iglesia sólida, con años de prédicas fieles y un pueblo que ama la verdad. Un día, un líder respetado sube al púlpito y dice algo que suena bien pero se desvía un poco de la Escritura. Nadie lo cuestiona; después de todo, es alguien "piadoso." Luego, otro lo respalda, y pronto, la congregación entera empieza a repetir esa enseñanza. ¿Qué pasó? En poco tiempo, la doctrina pura fue reemplazada por una mentira, y todo porque unos pocos creyentes de buena reputación la apoyaron. Esto no es una historia ficticia, hermano; es una advertencia real. Cambiar la posición doctrinal de una iglesia no requiere una revolución; basta con que algunos influyentes abracen el error y la multitud los siga.
La Biblia nos dice que esto no es nuevo. En 1 Timoteo 4:1, Pablo advierte: "El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios." El peligro no está en la maldad evidente, sino en la sutileza de las falsas enseñanzas que se cuelan con apariencia de piedad. En este capítulo, exploraremos cómo ocurre este cambio, qué doctrinas falsas amenazan hoy a la iglesia y por qué nuestra única defensa es la Palabra de Dios. Prepárate, hermano, porque esta verdad nos llama a estar alerta y a anclar nuestra fe en lo que no cambia.
Cómo Se Cambia una Posición Doctrinal
¿Qué se necesita para que una iglesia abandone la sana doctrina? No mucho, en realidad. Basta con que unos pocos creyentes respetados—pastores, ancianos, líderes—justifiquen una enseñanza falsa. La tentación de seguir a hombres "piadosos" es fuerte. Nos inclinamos a confiar en quienes parecen santos, y si ellos aprueban algo, asumimos que es correcto. Pero la Escritura nos advierte contra esta trampa. Jeremías 17:5 dice: "Maldito el hombre que confía en el hombre, y hace de la carne su brazo." Nuestra confianza no debe estar en personas, por más venerables que sean, sino en la Palabra de Dios.
Piensa en una corriente río abajo. Si unos pocos guían la barca en la dirección equivocada, la corriente hace el resto. Así funciona en la iglesia: una enseñanza falsa respaldada por líderes influyentes arrastra a la mayoría, especialmente si nadie la cuestiona. Efesios 4:14 describe el riesgo: "Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquier por todo viento de doctrina." Sin un ancla firme, la iglesia se desvía. Hermano, esto nos enseña una lección clave: la humildad nos lleva a escuchar a otros, pero la fidelidad nos lleva a probar todo contra la Escritura.
Las Falsas Doctrinas que Nos Acechan
El predicador enumera seis doctrinas falsas que hoy destruyen a las ovejas de Cristo, y todas tienen un patrón: se disfrazan de "sana doctrina" mientras ignoran el evangelio verdadero. Veámoslas con atención:
- Doctrina de la Prosperidad: Promete dinero, éxito y bienestar como el centro de la fe. Pero Jesús dijo: "No os hagáis tesoros en la tierra" (Mateo 6:19). Esta enseñanza alimenta la codicia, no la santidad.
- Doctrina de la Comodidad: Se queda dentro de las cuatro paredes, evitando la misión de evangelizar y servir (Mateo 28:19-20). Es una fe egoísta que olvida a los necesitados.
- Doctrina del Servilismo: Enseña que las tareas en la iglesia—limpiar, organizar—ganan la salvación. Pero Efesios 2:8-9 dice: "No por obras, para que nadie se gloríe." Las obras no salvan; son fruto de la fe.
- Doctrina del Nicolaísmo: Exalta a los pastores como autoridad absoluta, silenciando a las ovejas. Apocalipsis 2:15 reprueba esto. Los líderes sirven, no dominan (1 Pedro 5:2-3).
- Doctrina de los Eunucos: Despoja a los hombres de su liderazgo bíblico en el hogar (Efesios 5:23), convirtiéndolos en siervos ciegos de caprichos pastorales. Esto contradice el orden de Dios.
- Doctrina de Jezabel: Da poder oculto a mujeres—como esposas de pastores—para dirigir con agendas mundanas, promoviendo desobediencia y caos (Apocalipsis 2:20). Es un matriarcado que desplaza a Cristo.
¿Qué tienen en común? No predican arrepentimiento, no confrontan el pecado, no hablan del infierno ni de la vida eterna, y omiten los estándares bíblicos para líderes (1 Timoteo 3:1-7). Se centran en el hombre, no en Dios. Mateo 15:9 las desenmascara: "En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres."
El Peligro de Seguir a la Multitud
¿Por qué estas doctrinas se arraigan? Porque muchos no las miden contra la Palabra. Si un líder carismático dice: "Dios quiere que prosperes," y otros lo aplauden, la congregación lo acepta sin escudriñar. Hebreos 13:9 advierte: "No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas." Pero la tentación de seguir el ejemplo de los "piadosos" es sutil. Proverbios 14:12 dice: "Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte." Una iglesia puede cambiar su doctrina en meses si confía en hombres en lugar de en Dios.
Recuerdo una congregación que admiraba a un pastor famoso. Él empezó a predicar prosperidad, y aunque al principio algunos dudaron, su reputación los silenció. Pronto, todos cantaban el mismo coro. Fue un cambio lento pero devastador. Hermano, esto nos llama a ser vigilantes: la piedad aparente no garantiza la verdad.
La Defensa: La Palabra de Dios
Entonces, ¿qué se necesita para proteger la posición doctrinal de una iglesia? Una sola cosa: que cada creyente se aferre a la Palabra de Dios como autoridad suprema. 2 Timoteo 3:16-17 dice: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia." No importa quién hable—pastor, líder, amigo—; si sus palabras no alinean con la Biblia, debemos rechazarlas. Mateo 3:1-2 muestra el mensaje de Juan: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado." Jesús repitió esto (Marcos 1:15). El evangelio verdadero confronta el pecado y llama al arrepentimiento, no a la comodidad.
Escudriñar las Escrituras es nuestro deber. Hechos 17:11 elogia a los bereanos: "Escudriñaban cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así." Lee de Génesis a Apocalipsis, hermano. Versículos como Romanos 6:23 ("La paga del pecado es muerte") y 1 Corintios 6:9-10 (los impíos no heredarán el reino) nos mantienen firmes. Sin este fundamento, las herejías entran por nuestra ignorancia (Oseas 4:6).
Un Llamado a la Fidelidad
¿Qué se necesita para cambiar la doctrina de una iglesia? Solo unos pocos que justifiquen el error y una multitud que los siga ciegamente. Pero, hermano, tú puedes ser diferente. Apocalipsis 21:8 nos urge a predicar la verdad completa: el pecado lleva a la muerte, pero Cristo ofrece vida. Cuando Él regrese por Su iglesia—la que guardó Su Palabra (Apocalipsis 3:10)—no habrá más tiempo para arrepentirse. Ahora es el momento de estudiar, confrontar y vivir la sana doctrina.
Que tu caminar con el Salvador sea firme, no en hombres ni en modas, sino en la Palabra que no falla. Examina todo, retén lo bueno, y rechaza lo que no viene de Dios. La iglesia de Cristo no se doblega ante doctrinas de demonios; se levanta en la verdad que salva. ¡Estudiemos con empeño, hermano, y guardemos el evangelio puro!
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