jueves, 16 de octubre de 2014

Idolatría Pastoral: Cuando el Hombre Reemplaza a Cristo



 
"Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí."
(Juan 5:39, RVR1960)
 
Una Guerra Silenciosa en la Iglesia
 
Querido hermano, imagina que estás en un campo de batalla, pero el enemigo no viene con espadas ni cañones; se infiltra vestido como amigo, susurrando palabras que suenan piadosas. John MacArthur lo expresó con una claridad que corta como navaja: "Predicar el evangelio entre los ‘cristianos’ de hoy en día, es meterte a ti mismo en peor guerra que predicando el evangelio en el mundo." ¿Por qué? Porque muchos que se llaman cristianos han construido su fe no sobre la roca de la Palabra de Dios, sino sobre la arena de las palabras de hombres. Y entre los peligros más sutiles y devastadores que enfrentamos está la idolatría pastoral: la elevación de líderes humanos al lugar que solo Cristo merece.
He caminado este sendero, hermano. Durante años, escuché enseñanzas que acepté sin cuestionar, asumiendo que venían de Dios porque salían de un púlpito. Pero cuando el Espíritu me llevó a escudriñar las Escrituras, descubrí grietas en lo que me habían enseñado. Fue como despertar de un sueño: mi fe había estado a punto de ser guiada por un camino humano hacia un precipicio, no por la mano del Señor hacia la vida eterna. En este capítulo, exploraremos qué es la idolatría pastoral, cómo se manifiesta, por qué es tan peligrosa y cómo la Palabra de Dios es nuestro único antídoto. Prepárate, porque este tema no solo revela un problema; nos llama a una revolución espiritual.
 
Cristo, la Cabeza de la Iglesia
 
Comencemos con una verdad fundamental: Cristo es la cabeza de la iglesia. Efesios 1:22-23 lo proclama: "Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo." Efesios 5:23 refuerza: "Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador." No hay espacio para debate: la autoridad suprema no reside en un pastor, un apóstol o un líder carismático; reside en Jesús. Él dirige, Él salva, Él gobierna.
Pero la iglesia no es solo un cuerpo con una cabeza; es un cuerpo de muchos miembros, donde "nadie es más que nadie." Romanos 12:4-5 lo ilustra: "Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros." Sí, hay diversidad de dones—pastores, maestros, servidores (Efesios 4:11)—pero no hay jerarquía de valor. El pastor no está por encima de la oveja; todos somos iguales ante Cristo, redimidos por Su sangre (Gálatas 3:28).
 
La Tentación de la Idolatría Pastoral
 
Entonces, ¿por qué exaltamos a los pastores como si fueran más que humanos? ¿Por qué asumimos que todo lo que dicen desde el púlpito es verdad incuestionable? La respuesta está en nuestra naturaleza caída: nos atrae confiar en lo visible más que en lo invisible. Es más fácil seguir a un líder carismático que estudiar la Palabra por nosotros mismos. John Stott lo dijo sabiamente: "No se preocupen por quién entra y sale de vuestras iglesias; preocúpense por lo que entra y sale de vuestro púlpito." Pero muchos no lo hacen. Damos por sentado que un título o una posición garantiza autoridad divina.
 
Mira los títulos que les colgamos: "ungido," "profeta," "voz de Dios," "apóstol." Escucho frases como: "El Señor dijo por medio de nuestro pastor que…" y me pregunto: ¿desde cuándo un hombre mortal es el megáfono exclusivo de Dios? 1 Juan 2:20 corrige esa idea: "Vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas." La unción no es solo para pastores; es para todo creyente, dada por el Espíritu Santo (Hechos 10:38; Lucas 4:18). Cuando elevamos a los líderes a un pedestal divino, reducimos a la congregación a espectadores pasivos, y eso, hermano, es idolatría pastoral.
 
Las Manifestaciones de la Idolatría Pastoral
 
Esta idolatría no es abstracta; tiene rostros concretos. Primero, se ve en la dependencia ciega. Si el pastor dice algo—aunque carezca de base bíblica—muchos lo aceptan sin dudar. "¿Qué dice la Biblia?" se reemplaza con "¿Qué dijo el pastor?" Segundo, aparece en la burocracia eclesiástica. Iglesias con redes jerárquicas donde todo pasa por el líder o un grupo selecto, como si fueran los únicos con acceso a Dios. Tercero, se manifiesta en la explotación. He visto hermanos agotados, sirviendo sin descanso bajo el lema: "Todo lo que haces en la iglesia es para Dios." Pero, ¿es servir a Dios o a una institución humana?
 
Piensa en una torre construida con ladrillos de admiración humana. Cada título, cada "amén" sin reflexión, añade un bloque. Pero la base es frágil: tradiciones de hombres, no la roca de la Escritura (Mateo 7:24-27). Y cuando alguien pregunta: "¿Esto está en la Biblia?" la respuesta no es diálogo, sino acusación: "rebelde," "letrado," "espíritu jezabélico." Recuerdo a un hermano que cuestionó una enseñanza; le dijeron: "Aléjate de mí, Satanás." ¿Desde cuándo buscar la verdad es satánico?
 
El Daño Profundo de la Idolatría Pastoral
 
El daño no es pequeño. Primero, nos aleja de la Palabra. Si el pastor es el único intérprete, ¿para qué leer la Biblia? Nos volvemos perezosos, delegando nuestra responsabilidad de escudriñar (Juan 5:39). Segundo, abre la puerta a la manipulación. Mensajes extrabíblicos—prosperidad, decretos—se cuelan como verdad porque confiamos en el hombre, no en Dios. Tercero, perpetúa una herencia religiosa falsa. Generaciones crecen creyendo enseñanzas antibíblicas porque "el pastor lo dijo," y cuando las confrontas, se cierran. Mark Twain lo capturó: "Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados."
 
He visto vidas enteras edificadas sobre arenas movedizas: un pastor enseñó que dar más dinero aseguraba bendiciones, y familias se endeudaron por fe en él, no en Cristo. Cuando la verdad los alcanzó, fue una batalla convencerlos de su error. Hermano, predicar el evangelio a estos "cristianos" es más duro que al mundo, porque ya tienen una "verdad" que defienden con uñas y dientes.
 
¿Quién Está en Error?
 
Entonces, surge la pregunta: ¿quiénes están equivocados? ¿Los que escudriñan las Escrituras buscando la voluntad de Dios (Hechos 17:11)? ¿O los que siguen ciegamente a un líder, cómodos en su error? Mateo 7:15 nos advierte: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces." La corrección no viene de la mayoría, sino de la Palabra. Una iglesia entera puede estar perdida en tradiciones humanas, mientras un solo creyente, con la Biblia en mano, camina en la luz.
 
Imagina un rebaño siguiendo a un pastor humano hacia un acantilado. Uno se detiene, abre su mapa—la Escritura—y grita: "¡Este no es el camino!" ¿Quién es el rebelde? No el que alerta, sino los que ignoran la advertencia. Romanos 12:2 nos urge: "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios." Esa renovación no viene de púlpitos, sino de la Palabra y el Espíritu.
 
La Iglesia Verdadera: Servicio, No Servidumbre
 
La idolatría pastoral invierte el propósito de la iglesia. Cristo dijo: "El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir" (Mateo 20:28). La iglesia existe para servir—al mundo, a los necesitados, a Dios—, no para ser servida por una congregación explotada. Cuando los hermanos son tratados como peones de una maquinaria eclesiástica, el cuerpo de Cristo se fractura. 1 Pedro 5:2-3 instruye a los pastores: "Apacentad la grey de Dios [...] no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey." Liderar es modelar, no mandar.
 
He visto iglesias donde "servir" significa limpiar salones o recaudar fondos, mientras el evangelio se queda en el púlpito. Eso no es servicio a Dios; es servidumbre a hombres. La iglesia verdadera sale al mundo (Mateo 28:19), no se encierra en burocracias ni jerarquías humanas.
 
El Antídoto: La Palabra y el Espíritu
 
¿Cómo combatimos esta idolatría? Con el mejor antídoto: la Palabra de Dios y la guía del Espíritu Santo. 2 Timoteo 3:16-17 afirma: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir." No necesitamos intermediarios divinos; el Espíritu nos enseña (Juan 16:13). Escudriñar las Escrituras no es rebelión; es obediencia. Cuando un pastor dice algo, pregúntate: "¿Dónde está eso en la Biblia?" Si no lo encuentras, no lo sigas, por más "ungido" que parezca.
 
Recuerdo a una hermana que dejó una iglesia donde el pastor era intocable. Empezó a leer la Biblia sola y descubrió la libertad de depender de Cristo, no de hombres. Su fe creció, no por un púlpito, sino por la Palabra viva. Eso es lo que Dios quiere para ti, hermano: una fe directa con Él.
 
Un Llamado a Despertar
 
Querido hermano, la idolatría pastoral es una droga mortífera que reemplaza a Cristo con hombres. No importa cuántos la acepten; la verdad no se decide por votación, sino por las Escrituras. Efesios 4:15 nos llama a "seguir la verdad en amor," creciendo hacia Cristo, "la cabeza." No eleves a tu pastor a un trono divino; él es un miembro del cuerpo, no su señor. Y si te llaman "rebelde" por buscar la verdad, recuerda a los bereanos (Hechos 17:11): fueron elogiados, no condenados.





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