miércoles, 1 de octubre de 2014

¿Cobertura espiritual?

 
"Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no vive pecando, pues el que nació de Dios lo guarda, y el maligno no lo toca."
— 1 Juan 5:18
Una doctrina que desplaza la autoridad de Dios
Amados hermanos, deténganse un instante y observen el panorama de ciertas enseñanzas que han permeado nuestras iglesias. En algunos círculos se ha popularizado la idea de una “cobertura espiritual” que supuestamente un líder humano debe proporcionar para protegernos del maligno o validar nuestro servicio a Dios. Se nos dice que sin esta cobertura estamos expuestos, desprotegidos, o incluso fuera de la voluntad divina. Pero al aceptar tal enseñanza, ¿no estaremos desplazando la autoridad y la protección soberana de Dios, colocando a hombres falibles en un pedestal que solo le pertenece a Él? ¿No estaremos abriendo la puerta al abuso espiritual y a la manipulación bajo el pretexto de una obediencia incuestionable? 
 
Esta noción de “cobertura espiritual” como una necesidad impuesta por hombres no es nueva; tiene ecos en prácticas religiosas que buscan controlar en lugar de edificar. Cuando ponemos nuestra confianza en una autoridad humana como mediadora entre nosotros y Dios, corremos el riesgo de repetir errores históricos, como la infalibilidad papal del romanismo, ahora disfrazada en un ropaje evangélico. La Palabra de Dios nos muestra un camino diferente: uno donde Cristo es nuestro único Sumo Sacerdote y la Escritura nuestra única regla de fe y práctica. En este capítulo, exploraremos qué significa realmente estar bajo la cobertura de Dios, qué nos enseña la Biblia sobre la sujeción y la responsabilidad personal, y cómo autores reformados nos llaman a regresar a la simplicidad y pureza del evangelio. Preparen sus corazones, hermanos, porque esta verdad no busca complacerlos; busca liberarlos.

La cobertura de Dios: la única verdadera
Queridos hermanos, la idea de que un hombre pueda ofrecernos una “cobertura espiritual” que nos proteja del maligno o nos valide ante Dios carece de fundamento bíblico sólido. La Escritura es clara: es Dios mismo, por medio de Su Espíritu Santo, quien nos guarda y nos protege. Como dice 1 Juan 5:18, “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no vive pecando, pues el que nació de Dios lo guarda, y el maligno no lo toca.” Aquí no se menciona a ningún pastor, líder o anciano como intermediario necesario; es Cristo quien nos protege directamente, porque Él es nuestro Salvador y nuestro Guardián.
Cuando Pablo se despidió de los ancianos de Éfeso en Hechos 20:28-32, no los exhortó a convertirse en la “cobertura” de la iglesia ni a los creyentes a aferrarse a ellos como tal. Más bien, los encomendó a Dios y a Su Palabra: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32). Pablo sabía que vendrían “lobos rapaces” tras su partida, pero confió en que la Palabra de Dios sería suficiente para proteger y edificar a los creyentes, no una estructura humana de autoridad incuestionable.
Sujeción bíblica, no esclavitud humana
Estimados hermanos, es importante distinguir entre la enseñanza antibíblica de la “cobertura espiritual” y el principio bíblico de la sujeción al ministerio pastoral. La sujeción que la Biblia enseña no implica una obediencia ciega ni una dependencia absoluta de un líder humano. En 1 Pedro 5:1-5, Pedro exhorta a los ancianos a apacentar la grey de Dios “no como teniendo señorío sobre los que están a su cargo, sino siendo ejemplos de la grey” (v. 3), y a los más jóvenes a someterse a los ancianos con humildad. Pero inmediatamente después, en el versículo 6, añade: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.” La sujeción mutua entre creyentes y pastores debe estar subordinada a nuestra humillación ante Dios, no ante los hombres.
 
La sujeción bíblica implica reconocer que Dios ha puesto pastores para discipular, edificar, advertir y exhortar a Su pueblo. Sin embargo, esto no exime al creyente de la responsabilidad de evaluar toda enseñanza a la luz de las Escrituras. Como nos dice Hechos 17:11 sobre los bereanos, “éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” No se nos pide una obediencia ciega a los líderes, sino una obediencia informada y fundamentada en la Palabra de Dios.
El peligro de la manipulación y el abuso
Preciados hermanos, cuando se promueve la idea de que un líder es una “cobertura espiritual” incuestionable, se abre una puerta peligrosa a la manipulación y al abuso espiritual. Si creemos que no podemos cuestionar a nuestro pastor porque él es nuestra “cobertura,” estamos cediendo nuestra libertad en Cristo y convirtiéndonos en esclavos de hombres falibles. Como dice Gálatas 5:1, “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” La verdadera libertad no está en someternos a estructuras humanas que reemplazan la autoridad de Dios, sino en depender únicamente de Él.
 
Juan Calvino, en sus Instituciones de la Religión Cristiana, advirtió contra cualquier sistema que eleve a los hombres por encima de la Palabra de Dios: “Cuando los hombres asumen para sí mismos una autoridad que solo pertenece a Dios, no solo usurpan Su lugar, sino que esclavizan las almas.” La idea de una “cobertura espiritual” humana no solo carece de sustento bíblico, sino que también contradice el principio reformado de Sola Scriptura, que nos recuerda que la Escritura es la única autoridad infalible para la fe y la práctica.
La responsabilidad personal del creyente
Queridos hermanos, cada uno de nosotros tiene una responsabilidad ante Dios de conocer y vivir Su Palabra. Colosenses 3:16 nos exhorta: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría.” No podemos delegar nuestra vida espiritual a un líder humano, esperando que su “cobertura” nos mantenga a salvo. Somos llamados a crecer en el conocimiento de Dios y a discernir entre la verdad y el error, confiando en el Espíritu Santo y en las Escrituras para guiarnos.
 
Charles Spurgeon, en uno de sus sermones, dijo: “No sigas a ningún hombre más allá de lo que él sigue a Cristo.” Esta es una advertencia clara: nuestro estándar no debe ser un pastor o líder, sino Cristo mismo, y todo lo que recibamos debe ser pesado a la luz de la Palabra. Si una enseñanza no se alinea con las Escrituras, tenemos no solo el permiso, sino la obligación de rechazarla, sin importar quién la haya pronunciado.
Conclusión: Bajo la poderosa mano de Dios
Amados hermanos, reflexionemos en algunos puntos clave que nos ayuden a vivir bajo la verdadera cobertura de Dios:
  1. No necesitamos permiso humano para hacer la obra de Dios. En Mateo 28:19-20, Cristo nos dio la Gran Comisión directamente: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Si el Rey de reyes nos ha dado esta orden, ¿qué autoridad humana puede prohibírnoslo?
  2. Los pastores no son dueños de las congregaciones. Como dice 1 Pedro 5:3, no deben actuar como señores sobre las ovejas, sino como ejemplos. Su labor es enseñar la verdadera doctrina, orar por las ovejas y velar por ellas, no controlarlas ni impedirles servir a Dios.
  3. Rendimos cuentas a Dios, no a hombres. Marcos 9:38-41 nos muestra que Jesús no detuvo a alguien que echaba fuera demonios en Su nombre solo porque no formaba parte de su grupo inmediato. Si hacemos la obra de Dios con un corazón sincero, nadie puede legítimamente detenernos.
  4. La presencia de Dios no depende de una cobertura humana. Mateo 28:20 nos asegura que Cristo está con nosotros hasta el fin del mundo. No necesitamos la aprobación de un pastor para que esta promesa sea real en nuestras vidas.
  5. Huye de cualquier enseñanza que te esclavice. Si estás en una congregación que usa la idea de “cobertura” para prohibirte hacer la obra de Dios o para atarte al temor, considera buscar un lugar donde se enseñe la verdad con libertad. Como dice Romanos 14:23, “todo lo que no proviene de fe es pecado.” No dejes que enseñanzas humanas te impidan cumplir el llamado que Dios ha puesto en tu corazón.
Queridos hermanos, los pastores tienen un rol bíblico importante: orar por las ovejas, enseñar la sana doctrina, y velar para que no se pierdan (Hechos 20:28; 1 Timoteo 3:2). Pero cualquier autoridad que se atribuyan más allá de esto—como exigir una obediencia ciega o convertirse en “coberturas” indispensables—es antibíblica y peligrosa. Somos ovejas del Señor, no empleados de una empresa humana (1 Pedro 5:1-3; 1 Timoteo 3:4-5).
 
Que el Señor nos dé la gracia de vivir bajo Su poderosa mano, confiando únicamente en Su cobertura y caminando en la libertad que Cristo nos ha dado. Porque como dice Salmos 91:1-2, “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.” Que esta sea nuestra seguridad y nuestro refugio. Amén.

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