¿Qué Dice la Biblia Sobre la Forma del Mundo? Una Perspectiva Bíblica Reformada.
¿Qué Dice la Biblia Sobre la Forma del Mundo?
Una perspectiva bíblica reformada sobre la cosmología de las Escrituras
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”
— Salmo 19:1
La Biblia, como Palabra inspirada e inerrante de Dios (2 Timoteo 3:16), es el fundamento de nuestra fe y la fuente de verdad que ha guiado a la Iglesia a lo largo de los siglos. Uno de los temas que recientemente ha generado curiosidad, debate y a veces división en algunos círculos cristianos es la pregunta sobre qué enseña realmente la Biblia respecto a la forma y estructura del mundo. Algunos, en tiempos recientes, han sostenido que la Escritura enseña literalmente una Tierra plana cubierta por un firmamento sólido; otros, en cambio, sostienen que la Biblia no pretende enseñar cosmología científica, sino verdad teológica.
En este estudio nos aproximaremos al tema desde la hermenéutica reformada clásica, la misma que ha guiado a la Iglesia fiel desde Agustín de Hipona y Juan Calvino hasta los confesores de Westminster. Veremos que, aunque la Biblia no es un tratado científico moderno —ni pretende serlo—, sí presenta una cosmología coherente con la cosmovisión del pueblo antiguo, utilizada por Dios como vehículo para revelar verdades teológicas profundas: Su soberanía creadora, Su trascendencia, Su orden y Su propósito redentor.
Para entender correctamente este tema necesitamos distinguir entre dos niveles de la Escritura: lo que la Biblia enseña (verdades teológicas y redentoras) y el lenguaje que la Biblia utiliza (descripciones observacionales del mundo fenomenológico). Esta distinción, lejos de debilitar la autoridad bíblica, la honra y la protege de abusos interpretativos.
Las seis líneas que examinaremos
- I. La Biblia no es un tratado científico: el propósito de la revelación
- II. El principio de acomodación en la hermenéutica reformada
- III. Génesis 1, el raqia y la bóveda celeste: ¿qué dice realmente el texto?
- IV. Lenguaje fenomenológico: cuando la Biblia describe lo que se ve
- V. Implicaciones para la fe reformada: Sola Scriptura y la naturaleza
- VI. Aplicación pastoral: cómo leer la Biblia con fidelidad y humildad
I. La Biblia no es un tratado científico: el propósito de la revelación
El primer principio hermenéutico que debemos recordar es la naturaleza misma de la Escritura. La Biblia es revelación redentora, no manual de ciencia. Dios se proponía revelar a Sí mismo, Su carácter, Su obra creadora, la caída del hombre, Su plan de salvación y la consumación de todas las cosas en Cristo —no enseñarnos astronomía, biología o geología.
Agustín de Hipona, en el siglo V, ya advertía sobre este punto con claridad pastoral en su obra De Genesi ad litteram (“Sobre el Génesis a la letra”):
“Por lo general, incluso un no-creyente tiene conocimiento de las cosas relativas a la tierra, los cielos y los demás elementos de este mundo... Si un cristiano, hablando de tales asuntos como si fuera una autoridad bíblica, dice tonterías, y un no creyente lo oye, ¿cómo podrá este no creyente creer en la Biblia si se trata de cuestiones de la salvación, viendo que el creyente se equivoca en cosas que él mismo puede verificar con sus propios ojos?” — Agustín de Hipona
Esta advertencia de Agustín es profética. Cuando los cristianos afirman que la Biblia enseña algo verificablemente falso en materia científica, desacreditan el testimonio del evangelio ante los no creyentes. La Escritura es infalible en su propósito —revelar a Dios y Su plan de salvación—, pero no pretende ser infalible en detalles científicos que estaban más allá del horizonte de sus receptores originales.
Esto no es una concesión al modernismo o al secularismo. Es, por el contrario, la postura de la teología reformada histórica. La Confesión de Fe de Westminster (1.7) enseña:
Confesión de Fe de Westminster 1.7 “En las Sagradas Escrituras no todas las cosas son igualmente claras en sí mismas, ni igualmente evidentes para todos; sin embargo, las cosas que son necesarias saber, creer y guardar para salvación, están tan claramente expuestas y explicadas en uno u otro lugar de las Sagradas Escrituras, que no solo los eruditos, sino aun los iletrados, con el debido uso de los medios ordinarios, pueden alcanzar una comprensión suficiente de ellas.”
Note lo que afirma y lo que no afirma esta confesión reformada: las Escrituras son claras y suficientes en materia de salvación, pero no todas las cosas —incluyendo asuntos científicos o cosmogónicos— son igualmente claras o pretenden ser enseñanzas autoritativas. La Biblia cumple perfectamente su propósito: revelar a Dios y Su obra redentora.
II. El principio de acomodación en la hermenéutica reformada
Juan Calvino, el teólogo reformador por excelencia, desarrolló un principio hermenéutico fundamental que se ha vuelto crucial para entender los pasajes cosmológicos de la Escritura: el principio de acomodación. Según Calvino, Dios, en Su Palabra, se acomoda al lenguaje, cosmovisión y capacidad de comprensión de los receptores originales para comunicar de manera efectiva la verdad redentora.
En su Comentario al Génesis, Calvino escribió una de las afirmaciones más citadas y decisivas sobre este tema:
“Quien quiera aprender astronomía y otras artes reconditas, que vaya a otro lado. Aquí el Espíritu de Dios nos ha querido abrir la boca de forma torpe y bajo, ya que sabía que debía hablar a campesinos y pastores... Porque así como el que dicta una carta a un amanuense rudo, se acomoda a la capacidad de este, así también el Espíritu de Dios habla adecuadamente a nuestra rudeza.” — Juan Calvino, Comentario a Génesis 1:6
Note la fuerza de la afirmación: Calvino sostiene que el Espíritu Santo escogió deliberadamente un lenguaje “torpe y bajo” —es decir, no técnico ni científico— porque estaba hablando a pastores y campesinos del mundo antiguo. Esto no es imperfección en la Escritura; es pedagogía divina. Dios descendió a nuestro nivel para hacerse entender.
Calvino aplicó este principio repetidamente. En su comentario a Salmo 136:7 (“Al que hizo las grandes lumbreras...”), escribió que Moisés “no escribió como astrónomo, sino como profeta”, describiendo lo que el ojo humano ve, no lo que la ciencia técnica describiría. Igualmente, sobre el “sol que se detiene” en Josué 10, Calvino sostuvo que el milagro se describía en lenguaje fenomenológico —el lenguaje de la apariencia—, no en categorías astronómicas.
Esta es la hermenéutica reformada histórica: la Biblia describe el mundo tal como aparece al observador ordinario, no como lo describiría un tratado científico. Decir que “el sol sale” no es enseñar astronomía geocéntrica; es usar el lenguaje común y observacional —que seguimos usando hoy incluso en nuestros informativos del clima.
III. Génesis 1, el raqia y la bóveda celeste: ¿qué dice realmente el texto?
Uno de los textos más debatidos es la creación del firmamento en Génesis 1:6-8:
Génesis 1:6-8 “Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.”
La palabra hebrea traducida como “expansión” en Reina-Valera es raqia (רָקִיעַ), que deriva de la raíz raqa, “extender”, “golpear para formar una lámina”. En el mundo antiguo del Cercano Oriente, este término evocaba la imagen de una bóveda sólida que separaba las aguas superiores (la lluvia) de las aguas inferiores (mares y ríos). Es cierto que algunas versiones antiguas traducen raqia como “firmamento” (del latín firmamentum, “soporte firme”), reforzando la idea de solidez.
Pero la pregunta crítica es: ¿estaba Dios revelando una verdad cosmológica (que existe una bóveda sólida sobre nosotros), o estaba usando la cosmovisión de los receptores originales para comunicar una verdad teológica? La respuesta de la hermenéutica reformada clásica es la segunda.
El propósito teológico de Génesis 1:6-8 no es enseñar la estructura material del cielo, sino afirmar algo profundamente subversivo para el mundo antiguo: Yahvé, y no los dioses paganos, es quien separa las aguas, ordena el caos y establece límites. En las cosmologías babilónicas (como el Enuma Elish), las aguas superiores eran el cuerpo muerto de la diosa Tiamat, dividida por Marduk. En el relato bíblico, en cambio, no hay batalla ni dioses combatientes; Yahvé simplemente habla y el orden surge. Esa es la verdad que el texto quiere transmitir.
Job 37:18, donde se habla de los cielos “firmes como un espejo de metal fundido”, pertenece al mismo género de lenguaje acomodado y poético. El libro de Job está lleno de imágenes metafóricas —las puertas del mar (38:8-11), los almacenes de la nieve (38:22), el caballo que relincha ante la batalla (39:19-25)—. Tomar una de estas imágenes como enseñanza cosmológica literal, ignorando su género literario, viola el principio reformado de interpretar la Escritura según su género.
IV. Lenguaje fenomenológico: cuando la Biblia describe lo que se ve
Gran parte del lenguaje cosmológico de la Biblia es fenomenológico, es decir, describe el mundo tal como aparece al observador ordinario. Esto es perfectamente legítimo y lo seguimos usando hoy:
- ▸ “El sol sale” / “el sol se pone” — Hoy sabemos que es la Tierra la que rota, pero nadie acusa al meteorólogo de televisión de “geocentrista” por usar esta expresión. La Biblia hace lo mismo en pasajes como Eclesiastés 1:5 (“Y sale el sol, y se pone el sol, y de nuevo se apresura hacia el lugar de donde nace”).
- ▸ “Los confines de la tierra” — Expresión que aparece en pasajes como Salmo 19:4, Isaías 40:28, Marcos 13:27. No pretende enseñar que la Tierra tiene bordes físicos, sino designar “los lugares más lejanos habitados”. Es lenguaje hiperbólico y observacional.
- ▸ “Los cuatro ángulos de la tierra” (Apocalipsis 7:1; Isaías 11:12) — Apocalipsis es literatura apocalíptica, llena de simbolismo. Los “cuatro ángulos” representan los puntos cardinales (Norte, Sur, Este, Oeste), no una geometría literal. Igual que cuando hoy decimos “la empresa tiene sucursales en los cuatro confines del país”.
- ▸ “Los cimientos de la tierra” (Job 38:4; Salmo 104:5) — Imagen poética que evoca estabilidad, no cimientos físicos literales. Job 38 está escrito en poesía sapiencial con imágenes metafóricas ricas.
- ▸ El árbol visible “hasta los confines de toda la tierra” (Daniel 4:10-11) — Este es un sueño de Nabucodonosor, no un texto descriptivo de geografía. Los sueños son simbólicos por naturaleza.
- ▸ La tentación: “todos los reinos del mundo” (Mateo 4:8) — La clave está en “reinos”, no en “superficie plana”. Satanás mostró a Jesús las glorias políticas y humanas, no un mapa topográfico. Además, Lucas 4:5 especifica que esto ocurrió “en un momento”, sugiriendo una experiencia visionaria, no física.
En cada uno de estos casos, la interpretación reformada histórica reconoce que la Escritura está usando lenguaje acomodado, observacional o simbólico, no enseñanza científica. Esto no debilita la autoridad bíblica; la preserva de afirmaciones que la harían parecer ridícula ante los no creyentes, precisamente como advertía Agustín.
V. Implicaciones para la fe reformada: Sola Scriptura y la naturaleza
Como cristianos reformados, afirmamos con convicción el principio de Sola Scriptura: la Escritura es la única regla infalible de fe y práctica. Pero este principio no significa que la Biblia sea la única fuente de conocimiento en cualquier área. La Confesión de Fe de Westminster (1.6) aclara:
Confesión de Fe de Westminster 1.6 “Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria, y para la salvación, fe y vida del hombre, está expresamente expuesto en la Escritura, o por buena y necesaria consecuencia puede deducirse de ella; a la cual nada ha de añadirse, ya sea por nuevas revelaciones del Espíritu, ya sea por tradiciones de los hombres.”
Note cuidadosamente: la suficiencia de la Escritura se aplica a “las cosas necesarias para la gloria de Dios y la salvación, fe y vida del hombre”. No afirma que la Biblia sea suficiente como manual de matemáticas, de medicina o de astronomía. Dios nos dio dos libros: el libro de Su Palabra (la Escritura) y el libro de Sus obras (la creación). Ambos provienen de Él y, cuando se interpretan correctamente, no pueden contradecirse, porque Dios no se contradice a Sí mismo.
Calvino lo expresó bellamente: “El Espíritu Santo no ha pretendido enseñarnos la constitución del cielo; ha querido mostrarnos la bondad y la sabiduría de Dios en la creación del cielo”. La astronomía y la ciencia son estudio de la creación, que también glorifica a Dios (Salmo 19:1). Negar lo que la creación revela —a través de la observación rigurosa— sería despreciar el testimonio que Dios mismo ha puesto en el mundo que Él creó.
VI. Aplicación pastoral: cómo leer la Biblia con fidelidad y humildad
Este tema tiene implicaciones prácticas importantes para la vida cristiana. Algunas aplicaciones concretas:
- ▸ Honra el género literario de cada pasaje: La Biblia contiene narrativa histórica, poesía, sabiduría, profecía, apocalíptica y epístolas. No se puede leer un salmo poético como si fuera un tratado técnico, ni un sueño simbólico (como el de Daniel 4) como si fuera geografía. La fidelidad a la Escritura comienza por respetar cómo Dios quiso que cada parte fuera leída.
- ▸ Discierne entre el vehículo lingüístico y la verdad teológica: Cuando la Biblia dice “los cimientos de la tierra” (Job 38:4), la verdad teológica es que Dios es el Creador soberano que establece el orden cósmico. El vehículo lingüístico —“cimientos”— pertenece a la cosmovisión antigua. La verdad permanece; el vehículo es acomodado.
- ▸ No fuerces el texto más allá de su intención: Si un pasaje no pretende enseñar ciencia, no lo uses como si lo hiciera. Eso es tan serio como usar un pasaje histórico como si fuera poético. La integridad hermenéutica protege tanto la autoridad bíblica como nuestra credibilidad.
- ▸ Humildad ante los misterios: Como dice Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros”. La Escritura nos revela lo necesario para salvación y vida piadosa; no todos los detalles del universo. Esta humildad es señal de fidelidad, no de debilidad.
- ▸ Protege el testimonio del evangelio: Cuando los cristianos afirman cosas verificablemente falsas sobre el mundo físico en nombre de la Biblia, los no creyentes se escandalizan y se alejan del evangelio. La advertencia de Agustín sigue vigente: no demos a los no creyentes razón para despreciar la Escritura por causa de nuestra mala interpretación.
Preguntas para reflexión personal o comunitaria
- ¿Cómo entiendes la diferencia entre “lo que la Biblia enseña” (verdad teológica) y “el lenguaje que la Biblia utiliza” (descripción observacional)?
- El principio de acomodación de Calvino enseña que Dios se ajustó al lenguaje de los receptores originales. ¿Cómo esto te ayuda a leer con más claridad pasajes como Génesis 1 o los Salmos?
- Cuando encuentres un pasaje bíblico que parezca contradecir un hecho científico verificable, ¿cómo debes proceder? ¿Lo ignorarás, lo forzarás, o buscarás entender el género y propósito del texto?
- ¿Por qué es importante distinguir entre poesía (como Job y Salmos), narrativa (como Génesis y Josué) y apocalíptica (como Apocalipsis) al interpretar textos cosmológicos?
- ¿Cómo puedes usar este tema para glorificar a Dios como Creador, sin caer en afirmaciones que dañen tu testimonio cristiano ante los no creyentes?
VII. Conclusión
La Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, presenta al Dios soberano que crea, ordena y sostiene todas las cosas. El propósito de la Escritura no es enseñarnos la estructura material del cosmos, sino revelarnos al Creador, Su carácter, nuestra caída y Su redención en Cristo. La cosmología bíblica utiliza el lenguaje observacional de su época —como hoy utilizamos “el sol sale”— para comunicar verdad teológica profunda.
La hermenéutica reformada clásica, representada por Agustín, Calvino y las Confesiones reformadas, nos enseña a honrar el género literario de cada pasaje, a discernir entre el vehículo lingüístico y la verdad teológica, y a reconocer que Dios se acomoda a nuestra finitud para comunicarse con nosotros. Esto no debilita la autoridad bíblica; la exalta, porque muestra que el Dios soberano descendió para hacerse entender de pastores y campesinos, de teólogos y niños, de sabios y simples.
Como creyentes, no nos avergonzamos de lo que la Palabra afirma:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1).
Que esta reflexión nos lleve a adorar al Dios
que extiende los cielos con Sus manos
y sostiene la creación por Su poder.
Que el Señor nos conceda fidelidad para sosterir Su Palabra con integridad, humildad para reconocer lo que no sabemos, y sabiduría para discernir lo que realmente nos ha revelado. Como dijo el propio Cristo: “Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Amén.
Oración “Padre eterno, te alabamos por habernos hablado en lenguaje acomodado a nuestra pequeñez. Gracias porque tu Palabra es lámpara a nuestros pies y luz a nuestro camino en todo lo que concierne a la salvación, la fe y la vida. Danos humildad para leerla con fidelidad al género literario, sabiduría para discernir tus verdades teológicas, y reverencia para no forzar el texto más allá de su intención. Que nuestra lectura de la Escritura glorifique tu nombre y edifique tu Iglesia. En el nombre de Jesucristo, Amén.”
Sobre el autor
Andrés Martínez es un creyente en Jesucristo, convencido de que la Biblia es la Palabra inspirada e inerrante de Dios, y de que la fe reformada expresa con mayor fidelidad las verdades del evangelio tal como fueron proclamadas por los apóstoles y redescubiertas en la Reforma del siglo XVI. Escribe en De la mano del Hijo para edificar a los hermanos que anhelan crecer en el conocimiento del Hijo de Dios.
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