¿Qué pasa con aquellos que nunca escucharon el evangelio? - Romanos 1:19-20
¿Qué pasa con aquellos que nunca escucharon el evangelio?
Una respuesta bíblica y reformada desde Romanos 1:19-20
“Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.”
— Romanos 1:19-20
Es una de las preguntas más profundas, dolorosas y frecuentes que cualquier creyente, apologista o pastor terminará enfrentando en algún momento de su ministerio: ¿qué pasa con aquellos que nunca escucharon el evangelio? ¿Qué ocurre con el nativo americano del siglo XIV que murió sin haber oído jamás el nombre de Jesús? ¿Y con los millones que vivieron en Asia o África antes de que la primera predicación cristiana llegara a sus tierras? ¿Puede un Dios justo y misericordioso condenar a quienes no tuvieron la oportunidad de conocer a Cristo?
La pregunta tiene peso emocional evidente, y merece una respuesta cuidadosa, sensible y —sobre todo— bíblica. No podemos responder con frases hechas ni con un frío intelectualismo que ignore el dolor real que la pregunta conlleva. Pero tampoco podemos diluir la verdad de Dios para hacerla más cómoda. La teología reformada, fiel a la Escritura y consciente de la soberanía divina, ha reflexionado largamente sobre este tema a lo largo de los siglos —desde Agustín y Calvino hasta los teólogos contemporáneos—, ofreciendo una respuesta que, aunque no resuelve todos los misterios, sí nos permite confiar en la justicia perfecta de Dios y comprender nuestra responsabilidad misionera.
En este estudio, examinaremos lo que la Biblia realmente enseña sobre este tema, siguiendo seis líneas de reflexión: el punto de partida teológico, la posición reformada del exclusivismo, las tres posturas posibles (exclusivismo, inclusivismo, universalismo), los matices sobre la justicia divina, las implicaciones prácticas para la misión, y una respuesta pastoral a la controversia.
Las seis líneas que examinaremos
- I. El punto de partida: soberanía de Dios y revelación divina
- II. La posición reformada: exclusivismo y la necesidad de Cristo
- III. La controversia: exclusivismo, inclusivismo, universalismo
- IV. Matices reformados: justicia y misericordia de Dios
- V. Implicaciones prácticas: la urgencia de la misión
- VI. Respuesta pastoral a la controversia
I. El punto de partida: la soberanía de Dios y la revelación divina
La teología reformada comienza con una convicción fundamental que ordena todo lo demás: la soberanía absoluta de Dios sobre toda la creación, incluyendo la salvación de las personas. Dios no es un observador pasivo del drama humano ni un gerente celestial que reacciona improvisando; es el Creador, Sustentador y Juez de todo lo que existe, y Sus propósitos son eternos, inmutables y perfectos. Según las Escrituras, Dios es justo, santo y misericordioso, y Sus juicios son siempre rectos:
Deuteronomio 32:4 “Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto.”
Además, la Biblia enseña que todos los seres humanos son pecadores por naturaleza y están separados de Dios desde el vientre de su madre (Romanos 3:23; Salmo 51:5; Efesios 2:1-3). Nadie merece la salvación; esta es un regalo inmerecido de la gracia divina (Efesios 2:8-9). Esta verdad es esencial: si la salvación fuera un derecho humano, la pregunta sobre los no alcanzados sería un problema de justicia. Pero como la salvación es un don soberano, la pregunta se reformula: ¿por qué Dios salva a alguien?, no ¿por qué no salva a todos?
Para responder, debemos considerar dos tipos de revelación divina claramente descritos en la Biblia:
- ① 1. Revelación general: Dios se revela a todos los seres humanos a través de la creación y la conciencia moral. Romanos 1:19-20 lo declara con claridad: la creación testifica del eterno poder y deidad de Dios, “de modo que no tienen excusa”. El Salmo 19:1-4 confirma: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos... Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras”. Nadie es completamente ignorante de la existencia de Dios.
- ② 2. Revelación especial: Esta es la proclamación específica del evangelio de Jesucristo, que revela el plan de salvación (Hechos 4:12; Juan 14:6). La revelación especial es necesaria para conocer el camino de la redención, ya que “la fe viene por el oír la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). La revelación general muestra que hay un Dios; la revelación especial muestra cómo ese Dios salva.
Desde la perspectiva reformada, la revelación general es suficiente para condenar, ya que todos rechazan a Dios en su pecado (Romanos 1:21-23), pero solo la revelación especial, a través del evangelio, lleva a la salvación. Esto plantea la tensión central que da título a este estudio: ¿qué ocurre con aquellos que solo recibieron la revelación general?
II. La posición reformada: exclusivismo y la necesidad de Cristo
La teología reformada es generalmente exclusivista, lo que significa que la salvación viene únicamente a través de la fe consciente en Jesucristo. Esta postura no es una invención calvinista; se basa en textos bíblicos claros y contundentes:
Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”
Romanos 10:13-14 “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”
Estos pasajes subrayan que la fe en Cristo es el medio designado por Dios para la salvación. En la tradición reformada, esto se refuerza con la doctrina de la elección soberana: Dios, en Su voluntad eterna, elige a quienes salvará (Efesios 1:4-5; Romanos 9:11-16). La proclamación del evangelio es el instrumento ordinario por el cual Dios llama a Sus elegidos, y la responsabilidad de predicar recae en la iglesia (Mateo 28:19-20).
Desde esta perspectiva, aquellos que nunca escucharon el evangelio no tienen acceso al conocimiento salvífico de Cristo y, por lo tanto, no pueden ser salvos, ya que carecen de la fe explícita en Él. Además, Romanos 1:18-20 sugiere que todos son culpables ante Dios por rechazar la revelación general, incluso sin haber oído el evangelio. La justicia divina no está en entredicho, porque nadie merece la salvación, y Dios no está obligado a proporcionar la revelación especial a todos.
III. La controversia: exclusivismo, inclusivismo y universalismo
Para contextualizar la postura reformada, es útil compararla con otras posiciones teológicas que la iglesia ha enfrentado a lo largo de los siglos:
Examen de cada postura
1. Exclusivismo — Como ya se explicó, sostiene que la salvación requiere fe consciente en Cristo. Es la posición dominante en la teología reformada y evangélica, basada en la claridad de los textos bíblicos mencionados. Algunos críticos argumentan que parece injusto que Dios condene a quienes nunca tuvieron la oportunidad de escuchar el evangelio, pero esta crítica parte de la presuposición de que la salvación es un derecho humano, no un don soberano.
2. Inclusivismo — Esta postura sostiene que, aunque Cristo es el único medio de salvación, Dios puede aplicar los beneficios de la obra de Cristo a aquellos que no lo conocieron explícitamente, pero respondieron con fe a la luz que recibieron (por ejemplo, a través de la revelación general o su conciencia). Algunos teólogos reformados, como J.I. Packer en ciertas reflexiones, han explorado esta posibilidad con cautela, sugiriendo que Dios podría salvar excepcionalmente a algunos en circunstancias extraordinarias, aunque esto no es normativo. Sin embargo, el inclusivismo es visto con escepticismo en la tradición reformada, ya que puede debilitar la urgencia de la misión evangelística y carece de respaldo bíblico explícito.
3. Universalismo — Esta visión afirma que todos serán salvos, independientemente de si escucharon el evangelio o creyeron en Cristo. Desde la perspectiva reformada, el universalismo es incompatible con las Escrituras, que hablan con claridad del juicio final y la condenación de los impíos:
Mateo 25:46 “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”
Apocalipsis 20:11-15 “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios... y los muertos fueron juzgados por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras... y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”
El universalismo socava la necesidad de la obra redentora de Cristo y la responsabilidad humana de responder al evangelio. La teología reformada lo rechaza tajantemente y es cautelosa con el inclusivismo, manteniendo el exclusivismo como la postura más consistente con la Biblia. Sin embargo, reconoce que la justicia de Dios es insondable, y los detalles de Su juicio final están más allá de nuestra comprensión total:
Romanos 11:33-34 “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?”
IV. Matices reformados: la justicia y misericordia de Dios
Aunque la postura reformada es exclusivista, algunos teólogos reformados han ofrecido matices para abordar la aparente tensión entre la justicia divina y la condenación de quienes nunca escucharon el evangelio. Estos matices no comprometen el exclusivismo, pero reflejan humildad ante los misterios de Dios:
- ① Dios no está obligado a salvar a nadie: La teología reformada enfatiza que todos merecen la condenación por su pecado (Romanos 3:10-12). Que Dios elija salvar a algunos a través del evangelio es un acto de pura misericordia, no de obligación. Por lo tanto, no es injusto que algunos no reciban el evangelio, ya que nadie tiene derecho a la salvación. Como enseña Jesús en la parábola de los obreros: “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes envidia, porque soy bueno?” (Mateo 20:15).
- ② La soberanía en la distribución del evangelio: Dios determina quién escucha el evangelio y cuándo, como se ve en el caso de Pablo siendo impedido por el Espíritu de predicar en Asia (Hechos 16:6-10). Si alguien no lo escucha, esto cae bajo el propósito soberano de Dios, que siempre es justo, aunque no siempre comprendamos Sus razones. Pablo lo plantea con fuerza en Romanos 9:20-21: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?”
- ③ Juicio según la luz recibida: Aunque la salvación requiere fe en Cristo, algunos reformados sugieren que Dios juzgará a las personas según la luz que recibieron. Aquellos que solo tuvieron acceso a la revelación general serán juzgados por su respuesta a ella, lo que aún los deja culpables (Romanos 1:20; 2:12-16). Esto no implica salvación fuera de Cristo, pero sí que el juicio de Dios será perfectamente justo, tomando en cuenta las circunstancias de cada persona. Jesús mismo enseñó: “A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lucas 12:48).
- ④ Esperanza en los misterios de Dios: Mientras que la Biblia no promete salvación para quienes no escucharon el evangelio, tampoco detalla exhaustivamente el destino de cada individuo. Como dice Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”. Esto invita a confiar en la justicia y misericordia de Dios, sin especular más allá de lo revelado.
V. Implicaciones prácticas: la urgencia de la misión
La perspectiva reformada, al enfatizar la necesidad de la fe en Cristo, subraya la importancia de la Gran Comisión (Mateo 28:19-20). Si la salvación viene solo a través del evangelio, la iglesia tiene la responsabilidad urgente de predicar a todas las naciones. Esto no solo refleja obediencia a Cristo, sino también amor por los perdidos, deseando que nadie perezca:
2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
Este versículo —entendido en el contexto reformado como la voluntad de Dios de salvar a Sus elegidos— nos lleva a varias implicaciones prácticas concretas:
- ▸ Apoyo a la obra misionera: La iglesia debe sostener económicamente y en oración a los misioneros que llevan el evangelio a los no alcanzados. La pregunta sobre los no alcanzados no debe llevarnos a la pasividad, sino a la acción.
- ▸ Oración por los pueblos no alcanzados: Cada creyente debe orar regularmente por los pueblos que aún no han escuchado el evangelio, pidiendo a Dios que envíe obreros a Su mies (Mateo 9:37-38).
- ▸ Testimonio personal fiel: Cada cristiano es llamado a ser testigo de Cristo en su esfera de influencia —familia, trabajo, vecindario—. La Gran Comisión no es solo para misioneros profesionales, sino para toda la iglesia (Hechos 1:8).
- ▸ Humildad teológica: No debemos presumir conocer los detalles del juicio final ni limitar la sabiduría de Dios. Nuestra tarea es proclamar el evangelio fielmente, confiando en que Dios obrará según Su perfecta voluntad.
VI. Respuesta pastoral a la controversia
La pregunta sobre aquellos que nunca escucharon el evangelio puede ser emocionalmente cargada, especialmente cuando pensamos en personas en regiones remotas o épocas pasadas —quizá en nuestros propios familiares ya fallecidos. Es crucial responder con sensibilidad pastoral, sin comprometer la verdad bíblica:
- ▸ Confianza en la justicia de Dios: Podemos estar seguros de que Dios no cometerá ninguna injusticia. Sus juicios serán perfectos, y nadie será condenado inmerecidamente. Como le dijo Abraham a Dios: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25). Esa pregunta sigue resonando como un ancla de confianza.
- ▸ Centrarnos en lo revelado: En lugar de especular sobre lo que no sabemos, debemos centrarnos en lo que Dios ha revelado: Cristo es el único camino de salvación, y la iglesia debe llevar este mensaje al mundo. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros” (Deut. 29:29).
- ▸ Compromiso misionero, no angustia paralizante: En lugar de angustiarse por los que no han oído, los cristianos deben comprometerse con la misión, apoyando a misioneros, orando por los no alcanzados y viviendo como testigos de Cristo. La angustia sin acción es estéril; la obediencia produce gozo.
- ▸ Consuelo en la cruz de Cristo: Para los creyentes que tienen seres queridos fallecidos sin profesar fe, el consuelo no está en asegurar su salvación —lo cual sería irresponsable pastoralmente—, sino en confiar que el Dios que entregó a Su propio Hijo por nosotros obrará con perfecta justicia y misericordia. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).
Preguntas para reflexión personal o comunitaria
- ¿Has confrontado alguna vez la pregunta sobre los que nunca escucharon el evangelio? ¿Cómo respondiste —o cómo te hubiera gustado responder?
- ¿Te encuentras más cerca del exclusivismo, el inclusivismo o el universalismo? ¿Por qué? ¿Está tu postura alineada con la enseñanza bíblica?
- La teología reformada enfatiza que la salvación es un don soberano, no un derecho humano. ¿Cómo cambia esta perspectiva tu comprensión de la justicia divina?
- ¿Estás activamente comprometido con la Gran Comisión —apoyando misiones, orando por los no alcanzados, compartiendo el evangelio— o solo reflexionando teológicamente sobre el tema?
- Si tienes seres queridos fallecidos sin profesar fe, ¿cómo puedes confiar en la perfecta justicia de Dios sin caer ni en el sentimentalismo ni en el cinismo?
VII. Conclusión
Desde la perspectiva reformada, la salvación viene solo por la fe en Jesucristo, y el evangelio es el medio ordinario por el cual Dios llama a Sus elegidos. Aquellos que nunca escucharon el evangelio no tienen acceso a este conocimiento salvífico y, según Romanos 1, son culpables por rechazar la revelación general. Sin embargo, la justicia de Dios asegura que nadie será juzgado injustamente, y Su soberanía garantiza que Su plan es perfecto, aunque no lo comprendamos completamente.
Esta postura exclusivista no debe llevar a la desesperanza, sino a la acción. Nos impulsa a predicar el evangelio con urgencia, confiando en que Dios usará Su Palabra para salvar a los Suyos. Al mismo tiempo, reconocemos con humildad que los detalles del juicio final están en las manos de un Dios santo, justo y misericordioso, cuyos caminos son más altos que los nuestros:
Isaías 55:8-9 “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”
Que esta verdad nos motive a vivir para la gloria de Dios,
proclamando su evangelio con valentía y amor,
mientras confiamos en que el Juez de toda la tierra
hará lo que es justo.
Oración “Padre celestial, te alabamos por la claridad de tu Palabra y por el don inefable de tu Hijo, el único Salvador de los pecadores. Ayúdanos a confiar en tu justicia perfecta cuando no entendemos todos tus caminos, y a proclamar con urgencia el evangelio a toda criatura. Danos corazón misionero, oración fiel por los no alcanzados, y humildad para reconocer que los secretos te pertenecen. Que ni la angustia sin acción ni la especulación sin fruto dominen nuestra vida, sino la obediencia gozosa a la Gran Comisión. En el nombre de Jesucristo, Amén.”
Sobre el autor
Andrés Martínez es un creyente en Jesucristo, convencido de que la Biblia es la Palabra inspirada e inerrante de Dios, y de que la fe reformada expresa con mayor fidelidad las verdades del evangelio tal como fueron proclamadas por los apóstoles y redescubiertas en la Reforma del siglo XVI. Escribe en De la mano del Hijo para edificar a los hermanos que anhelan crecer en el conocimiento del Hijo de Dios.
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El Juez de toda la tierra hará lo que es justo · Soli Deo Gloria



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