• Malaquías 3:10 es uno de esos versículos que resuena en casi todas las iglesias donde el dinero y la fe se cruzan.
  • En muchas iglesias contemporáneas, es común escuchar a líderes autoproclamarse "apóstoles", reclamando una autoridad especial y un estatus elevado dentro del cuerpo de Cristo.
  • En muchos círculos cristianos, Apocalipsis 3:20 se ha convertido en un versículo emblemático para el evangelismo.
  • La doctrina de la "confesión positiva" enseña que nuestras palabras tienen el poder de crear milagros, pero ¿es esto bíblico? Este artículo examina sus orígenes, contrastándolos con las Escrituras, y advierte sobre su peligrosa desviación del verdadero evangelio de Cristo.
  • La historia de la mujer con el flujo de sangre (Mateo 9:20-22, Marcos 5:25-34, Lucas 8:43-48) es más que un milagro físico: es una lección profunda sobre la verdadera fe. Más allá de la sanidad, Jesús le otorgó salvación, destacando que no fue el manto el que la curó, sino su confianza en Él. Este capítulo explora el significado espiritual de su historia y nos desafía a buscar a Cristo, no solo por sus milagros, sino por la vida eterna que ofrece.

viernes, 11 de abril de 2025

¿Qué pasa con aquellos que nunca escucharon el evangelio? - Romanos 1:19-20

Estudio Bíblico · Teología Soteriológica Reformada

¿Qué pasa con aquellos que nunca escucharon el evangelio?

Una respuesta bíblica y reformada desde Romanos 1:19-20

“Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.”

— Romanos 1:19-20

Es una de las preguntas más profundas, dolorosas y frecuentes que cualquier creyente, apologista o pastor terminará enfrentando en algún momento de su ministerio: ¿qué pasa con aquellos que nunca escucharon el evangelio? ¿Qué ocurre con el nativo americano del siglo XIV que murió sin haber oído jamás el nombre de Jesús? ¿Y con los millones que vivieron en Asia o África antes de que la primera predicación cristiana llegara a sus tierras? ¿Puede un Dios justo y misericordioso condenar a quienes no tuvieron la oportunidad de conocer a Cristo?

La pregunta tiene peso emocional evidente, y merece una respuesta cuidadosa, sensible y —sobre todo— bíblica. No podemos responder con frases hechas ni con un frío intelectualismo que ignore el dolor real que la pregunta conlleva. Pero tampoco podemos diluir la verdad de Dios para hacerla más cómoda. La teología reformada, fiel a la Escritura y consciente de la soberanía divina, ha reflexionado largamente sobre este tema a lo largo de los siglos —desde Agustín y Calvino hasta los teólogos contemporáneos—, ofreciendo una respuesta que, aunque no resuelve todos los misterios, sí nos permite confiar en la justicia perfecta de Dios y comprender nuestra responsabilidad misionera.

En este estudio, examinaremos lo que la Biblia realmente enseña sobre este tema, siguiendo seis líneas de reflexión: el punto de partida teológico, la posición reformada del exclusivismo, las tres posturas posibles (exclusivismo, inclusivismo, universalismo), los matices sobre la justicia divina, las implicaciones prácticas para la misión, y una respuesta pastoral a la controversia.

Las seis líneas que examinaremos

  1. I. El punto de partida: soberanía de Dios y revelación divina
  2. II. La posición reformada: exclusivismo y la necesidad de Cristo
  3. III. La controversia: exclusivismo, inclusivismo, universalismo
  4. IV. Matices reformados: justicia y misericordia de Dios
  5. V. Implicaciones prácticas: la urgencia de la misión
  6. VI. Respuesta pastoral a la controversia

I. El punto de partida: la soberanía de Dios y la revelación divina

La teología reformada comienza con una convicción fundamental que ordena todo lo demás: la soberanía absoluta de Dios sobre toda la creación, incluyendo la salvación de las personas. Dios no es un observador pasivo del drama humano ni un gerente celestial que reacciona improvisando; es el Creador, Sustentador y Juez de todo lo que existe, y Sus propósitos son eternos, inmutables y perfectos. Según las Escrituras, Dios es justo, santo y misericordioso, y Sus juicios son siempre rectos:

Deuteronomio 32:4 “Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto.”

Además, la Biblia enseña que todos los seres humanos son pecadores por naturaleza y están separados de Dios desde el vientre de su madre (Romanos 3:23; Salmo 51:5; Efesios 2:1-3). Nadie merece la salvación; esta es un regalo inmerecido de la gracia divina (Efesios 2:8-9). Esta verdad es esencial: si la salvación fuera un derecho humano, la pregunta sobre los no alcanzados sería un problema de justicia. Pero como la salvación es un don soberano, la pregunta se reformula: ¿por qué Dios salva a alguien?, no ¿por qué no salva a todos?

Para responder, debemos considerar dos tipos de revelación divina claramente descritos en la Biblia:

  • 1. Revelación general: Dios se revela a todos los seres humanos a través de la creación y la conciencia moral. Romanos 1:19-20 lo declara con claridad: la creación testifica del eterno poder y deidad de Dios, “de modo que no tienen excusa”. El Salmo 19:1-4 confirma: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos... Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras”. Nadie es completamente ignorante de la existencia de Dios.
  • 2. Revelación especial: Esta es la proclamación específica del evangelio de Jesucristo, que revela el plan de salvación (Hechos 4:12; Juan 14:6). La revelación especial es necesaria para conocer el camino de la redención, ya que “la fe viene por el oír la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). La revelación general muestra que hay un Dios; la revelación especial muestra cómo ese Dios salva.

Desde la perspectiva reformada, la revelación general es suficiente para condenar, ya que todos rechazan a Dios en su pecado (Romanos 1:21-23), pero solo la revelación especial, a través del evangelio, lleva a la salvación. Esto plantea la tensión central que da título a este estudio: ¿qué ocurre con aquellos que solo recibieron la revelación general?

II. La posición reformada: exclusivismo y la necesidad de Cristo

La teología reformada es generalmente exclusivista, lo que significa que la salvación viene únicamente a través de la fe consciente en Jesucristo. Esta postura no es una invención calvinista; se basa en textos bíblicos claros y contundentes:

Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”
Romanos 10:13-14 “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”

Estos pasajes subrayan que la fe en Cristo es el medio designado por Dios para la salvación. En la tradición reformada, esto se refuerza con la doctrina de la elección soberana: Dios, en Su voluntad eterna, elige a quienes salvará (Efesios 1:4-5; Romanos 9:11-16). La proclamación del evangelio es el instrumento ordinario por el cual Dios llama a Sus elegidos, y la responsabilidad de predicar recae en la iglesia (Mateo 28:19-20).

Desde esta perspectiva, aquellos que nunca escucharon el evangelio no tienen acceso al conocimiento salvífico de Cristo y, por lo tanto, no pueden ser salvos, ya que carecen de la fe explícita en Él. Además, Romanos 1:18-20 sugiere que todos son culpables ante Dios por rechazar la revelación general, incluso sin haber oído el evangelio. La justicia divina no está en entredicho, porque nadie merece la salvación, y Dios no está obligado a proporcionar la revelación especial a todos.

III. La controversia: exclusivismo, inclusivismo y universalismo

Para contextualizar la postura reformada, es útil compararla con otras posiciones teológicas que la iglesia ha enfrentado a lo largo de los siglos:

Postura Enseñanza central Visión reformada
Exclusivismo La salvación requiere fe consciente en Cristo ✓ Posición dominante
Inclusivismo Cristo salva, pero quizá también a quienes respondieron a la revelación general ⚠ Visto con escepticismo
Universalismo Todos serán salvos, sin excepción ✗ Rechazado

Examen de cada postura

1. Exclusivismo — Como ya se explicó, sostiene que la salvación requiere fe consciente en Cristo. Es la posición dominante en la teología reformada y evangélica, basada en la claridad de los textos bíblicos mencionados. Algunos críticos argumentan que parece injusto que Dios condene a quienes nunca tuvieron la oportunidad de escuchar el evangelio, pero esta crítica parte de la presuposición de que la salvación es un derecho humano, no un don soberano.

2. Inclusivismo — Esta postura sostiene que, aunque Cristo es el único medio de salvación, Dios puede aplicar los beneficios de la obra de Cristo a aquellos que no lo conocieron explícitamente, pero respondieron con fe a la luz que recibieron (por ejemplo, a través de la revelación general o su conciencia). Algunos teólogos reformados, como J.I. Packer en ciertas reflexiones, han explorado esta posibilidad con cautela, sugiriendo que Dios podría salvar excepcionalmente a algunos en circunstancias extraordinarias, aunque esto no es normativo. Sin embargo, el inclusivismo es visto con escepticismo en la tradición reformada, ya que puede debilitar la urgencia de la misión evangelística y carece de respaldo bíblico explícito.

3. Universalismo — Esta visión afirma que todos serán salvos, independientemente de si escucharon el evangelio o creyeron en Cristo. Desde la perspectiva reformada, el universalismo es incompatible con las Escrituras, que hablan con claridad del juicio final y la condenación de los impíos:

Mateo 25:46 “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”
Apocalipsis 20:11-15 “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios... y los muertos fueron juzgados por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras... y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

El universalismo socava la necesidad de la obra redentora de Cristo y la responsabilidad humana de responder al evangelio. La teología reformada lo rechaza tajantemente y es cautelosa con el inclusivismo, manteniendo el exclusivismo como la postura más consistente con la Biblia. Sin embargo, reconoce que la justicia de Dios es insondable, y los detalles de Su juicio final están más allá de nuestra comprensión total:

Romanos 11:33-34 “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?”

IV. Matices reformados: la justicia y misericordia de Dios

Aunque la postura reformada es exclusivista, algunos teólogos reformados han ofrecido matices para abordar la aparente tensión entre la justicia divina y la condenación de quienes nunca escucharon el evangelio. Estos matices no comprometen el exclusivismo, pero reflejan humildad ante los misterios de Dios:

  • Dios no está obligado a salvar a nadie: La teología reformada enfatiza que todos merecen la condenación por su pecado (Romanos 3:10-12). Que Dios elija salvar a algunos a través del evangelio es un acto de pura misericordia, no de obligación. Por lo tanto, no es injusto que algunos no reciban el evangelio, ya que nadie tiene derecho a la salvación. Como enseña Jesús en la parábola de los obreros: “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes envidia, porque soy bueno?” (Mateo 20:15).
  • La soberanía en la distribución del evangelio: Dios determina quién escucha el evangelio y cuándo, como se ve en el caso de Pablo siendo impedido por el Espíritu de predicar en Asia (Hechos 16:6-10). Si alguien no lo escucha, esto cae bajo el propósito soberano de Dios, que siempre es justo, aunque no siempre comprendamos Sus razones. Pablo lo plantea con fuerza en Romanos 9:20-21: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?”
  • Juicio según la luz recibida: Aunque la salvación requiere fe en Cristo, algunos reformados sugieren que Dios juzgará a las personas según la luz que recibieron. Aquellos que solo tuvieron acceso a la revelación general serán juzgados por su respuesta a ella, lo que aún los deja culpables (Romanos 1:20; 2:12-16). Esto no implica salvación fuera de Cristo, pero sí que el juicio de Dios será perfectamente justo, tomando en cuenta las circunstancias de cada persona. Jesús mismo enseñó: “A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lucas 12:48).
  • Esperanza en los misterios de Dios: Mientras que la Biblia no promete salvación para quienes no escucharon el evangelio, tampoco detalla exhaustivamente el destino de cada individuo. Como dice Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”. Esto invita a confiar en la justicia y misericordia de Dios, sin especular más allá de lo revelado.

V. Implicaciones prácticas: la urgencia de la misión

La perspectiva reformada, al enfatizar la necesidad de la fe en Cristo, subraya la importancia de la Gran Comisión (Mateo 28:19-20). Si la salvación viene solo a través del evangelio, la iglesia tiene la responsabilidad urgente de predicar a todas las naciones. Esto no solo refleja obediencia a Cristo, sino también amor por los perdidos, deseando que nadie perezca:

2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

Este versículo —entendido en el contexto reformado como la voluntad de Dios de salvar a Sus elegidos— nos lleva a varias implicaciones prácticas concretas:

  • Apoyo a la obra misionera: La iglesia debe sostener económicamente y en oración a los misioneros que llevan el evangelio a los no alcanzados. La pregunta sobre los no alcanzados no debe llevarnos a la pasividad, sino a la acción.
  • Oración por los pueblos no alcanzados: Cada creyente debe orar regularmente por los pueblos que aún no han escuchado el evangelio, pidiendo a Dios que envíe obreros a Su mies (Mateo 9:37-38).
  • Testimonio personal fiel: Cada cristiano es llamado a ser testigo de Cristo en su esfera de influencia —familia, trabajo, vecindario—. La Gran Comisión no es solo para misioneros profesionales, sino para toda la iglesia (Hechos 1:8).
  • Humildad teológica: No debemos presumir conocer los detalles del juicio final ni limitar la sabiduría de Dios. Nuestra tarea es proclamar el evangelio fielmente, confiando en que Dios obrará según Su perfecta voluntad.

VI. Respuesta pastoral a la controversia

La pregunta sobre aquellos que nunca escucharon el evangelio puede ser emocionalmente cargada, especialmente cuando pensamos en personas en regiones remotas o épocas pasadas —quizá en nuestros propios familiares ya fallecidos. Es crucial responder con sensibilidad pastoral, sin comprometer la verdad bíblica:

  • Confianza en la justicia de Dios: Podemos estar seguros de que Dios no cometerá ninguna injusticia. Sus juicios serán perfectos, y nadie será condenado inmerecidamente. Como le dijo Abraham a Dios: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25). Esa pregunta sigue resonando como un ancla de confianza.
  • Centrarnos en lo revelado: En lugar de especular sobre lo que no sabemos, debemos centrarnos en lo que Dios ha revelado: Cristo es el único camino de salvación, y la iglesia debe llevar este mensaje al mundo. “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros” (Deut. 29:29).
  • Compromiso misionero, no angustia paralizante: En lugar de angustiarse por los que no han oído, los cristianos deben comprometerse con la misión, apoyando a misioneros, orando por los no alcanzados y viviendo como testigos de Cristo. La angustia sin acción es estéril; la obediencia produce gozo.
  • Consuelo en la cruz de Cristo: Para los creyentes que tienen seres queridos fallecidos sin profesar fe, el consuelo no está en asegurar su salvación —lo cual sería irresponsable pastoralmente—, sino en confiar que el Dios que entregó a Su propio Hijo por nosotros obrará con perfecta justicia y misericordia. “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).

Preguntas para reflexión personal o comunitaria

  1. ¿Has confrontado alguna vez la pregunta sobre los que nunca escucharon el evangelio? ¿Cómo respondiste —o cómo te hubiera gustado responder?
  2. ¿Te encuentras más cerca del exclusivismo, el inclusivismo o el universalismo? ¿Por qué? ¿Está tu postura alineada con la enseñanza bíblica?
  3. La teología reformada enfatiza que la salvación es un don soberano, no un derecho humano. ¿Cómo cambia esta perspectiva tu comprensión de la justicia divina?
  4. ¿Estás activamente comprometido con la Gran Comisión —apoyando misiones, orando por los no alcanzados, compartiendo el evangelio— o solo reflexionando teológicamente sobre el tema?
  5. Si tienes seres queridos fallecidos sin profesar fe, ¿cómo puedes confiar en la perfecta justicia de Dios sin caer ni en el sentimentalismo ni en el cinismo?

VII. Conclusión

Desde la perspectiva reformada, la salvación viene solo por la fe en Jesucristo, y el evangelio es el medio ordinario por el cual Dios llama a Sus elegidos. Aquellos que nunca escucharon el evangelio no tienen acceso a este conocimiento salvífico y, según Romanos 1, son culpables por rechazar la revelación general. Sin embargo, la justicia de Dios asegura que nadie será juzgado injustamente, y Su soberanía garantiza que Su plan es perfecto, aunque no lo comprendamos completamente.

Esta postura exclusivista no debe llevar a la desesperanza, sino a la acción. Nos impulsa a predicar el evangelio con urgencia, confiando en que Dios usará Su Palabra para salvar a los Suyos. Al mismo tiempo, reconocemos con humildad que los detalles del juicio final están en las manos de un Dios santo, justo y misericordioso, cuyos caminos son más altos que los nuestros:

Isaías 55:8-9 “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”

Que esta verdad nos motive a vivir para la gloria de Dios,
proclamando su evangelio con valentía y amor,
mientras confiamos en que el Juez de toda la tierra
hará lo que es justo.

Oración “Padre celestial, te alabamos por la claridad de tu Palabra y por el don inefable de tu Hijo, el único Salvador de los pecadores. Ayúdanos a confiar en tu justicia perfecta cuando no entendemos todos tus caminos, y a proclamar con urgencia el evangelio a toda criatura. Danos corazón misionero, oración fiel por los no alcanzados, y humildad para reconocer que los secretos te pertenecen. Que ni la angustia sin acción ni la especulación sin fruto dominen nuestra vida, sino la obediencia gozosa a la Gran Comisión. En el nombre de Jesucristo, Amén.”

Sobre el autor

Andrés Martínez es un creyente en Jesucristo, convencido de que la Biblia es la Palabra inspirada e inerrante de Dios, y de que la fe reformada expresa con mayor fidelidad las verdades del evangelio tal como fueron proclamadas por los apóstoles y redescubiertas en la Reforma del siglo XVI. Escribe en De la mano del Hijo para edificar a los hermanos que anhelan crecer en el conocimiento del Hijo de Dios.

andresfmartinezv@gmail.com
📷 @feylectura en Instagram

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Etiquetas: Romanos 1 Revelación general Exclusivismo Elección soberana Gran Comisión Misiones Teología Reformada Estudio Bíblico

El Juez de toda la tierra hará lo que es justo · Soli Deo Gloria

miércoles, 9 de abril de 2025

¿Qué Dice la Biblia Sobre la Forma del Mundo? Una Perspectiva Bíblica Reformada.

Estudio Bíblico · Hermenéutica Reformada

¿Qué Dice la Biblia Sobre la Forma del Mundo?

Una perspectiva bíblica reformada sobre la cosmología de las Escrituras

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.”

— Salmo 19:1

La Biblia, como Palabra inspirada e inerrante de Dios (2 Timoteo 3:16), es el fundamento de nuestra fe y la fuente de verdad que ha guiado a la Iglesia a lo largo de los siglos. Uno de los temas que recientemente ha generado curiosidad, debate y a veces división en algunos círculos cristianos es la pregunta sobre qué enseña realmente la Biblia respecto a la forma y estructura del mundo. Algunos, en tiempos recientes, han sostenido que la Escritura enseña literalmente una Tierra plana cubierta por un firmamento sólido; otros, en cambio, sostienen que la Biblia no pretende enseñar cosmología científica, sino verdad teológica.

En este estudio nos aproximaremos al tema desde la hermenéutica reformada clásica, la misma que ha guiado a la Iglesia fiel desde Agustín de Hipona y Juan Calvino hasta los confesores de Westminster. Veremos que, aunque la Biblia no es un tratado científico moderno —ni pretende serlo—, sí presenta una cosmología coherente con la cosmovisión del pueblo antiguo, utilizada por Dios como vehículo para revelar verdades teológicas profundas: Su soberanía creadora, Su trascendencia, Su orden y Su propósito redentor.

Para entender correctamente este tema necesitamos distinguir entre dos niveles de la Escritura: lo que la Biblia enseña (verdades teológicas y redentoras) y el lenguaje que la Biblia utiliza (descripciones observacionales del mundo fenomenológico). Esta distinción, lejos de debilitar la autoridad bíblica, la honra y la protege de abusos interpretativos.

Las seis líneas que examinaremos

  1. I. La Biblia no es un tratado científico: el propósito de la revelación
  2. II. El principio de acomodación en la hermenéutica reformada
  3. III. Génesis 1, el raqia y la bóveda celeste: ¿qué dice realmente el texto?
  4. IV. Lenguaje fenomenológico: cuando la Biblia describe lo que se ve
  5. V. Implicaciones para la fe reformada: Sola Scriptura y la naturaleza
  6. VI. Aplicación pastoral: cómo leer la Biblia con fidelidad y humildad

I. La Biblia no es un tratado científico: el propósito de la revelación

El primer principio hermenéutico que debemos recordar es la naturaleza misma de la Escritura. La Biblia es revelación redentora, no manual de ciencia. Dios se proponía revelar a Sí mismo, Su carácter, Su obra creadora, la caída del hombre, Su plan de salvación y la consumación de todas las cosas en Cristo —no enseñarnos astronomía, biología o geología.

Agustín de Hipona, en el siglo V, ya advertía sobre este punto con claridad pastoral en su obra De Genesi ad litteram (“Sobre el Génesis a la letra”):

“Por lo general, incluso un no-creyente tiene conocimiento de las cosas relativas a la tierra, los cielos y los demás elementos de este mundo... Si un cristiano, hablando de tales asuntos como si fuera una autoridad bíblica, dice tonterías, y un no creyente lo oye, ¿cómo podrá este no creyente creer en la Biblia si se trata de cuestiones de la salvación, viendo que el creyente se equivoca en cosas que él mismo puede verificar con sus propios ojos?” — Agustín de Hipona

Esta advertencia de Agustín es profética. Cuando los cristianos afirman que la Biblia enseña algo verificablemente falso en materia científica, desacreditan el testimonio del evangelio ante los no creyentes. La Escritura es infalible en su propósito —revelar a Dios y Su plan de salvación—, pero no pretende ser infalible en detalles científicos que estaban más allá del horizonte de sus receptores originales.

Esto no es una concesión al modernismo o al secularismo. Es, por el contrario, la postura de la teología reformada histórica. La Confesión de Fe de Westminster (1.7) enseña:

Confesión de Fe de Westminster 1.7 “En las Sagradas Escrituras no todas las cosas son igualmente claras en sí mismas, ni igualmente evidentes para todos; sin embargo, las cosas que son necesarias saber, creer y guardar para salvación, están tan claramente expuestas y explicadas en uno u otro lugar de las Sagradas Escrituras, que no solo los eruditos, sino aun los iletrados, con el debido uso de los medios ordinarios, pueden alcanzar una comprensión suficiente de ellas.”

Note lo que afirma y lo que no afirma esta confesión reformada: las Escrituras son claras y suficientes en materia de salvación, pero no todas las cosas —incluyendo asuntos científicos o cosmogónicos— son igualmente claras o pretenden ser enseñanzas autoritativas. La Biblia cumple perfectamente su propósito: revelar a Dios y Su obra redentora.

II. El principio de acomodación en la hermenéutica reformada

Juan Calvino, el teólogo reformador por excelencia, desarrolló un principio hermenéutico fundamental que se ha vuelto crucial para entender los pasajes cosmológicos de la Escritura: el principio de acomodación. Según Calvino, Dios, en Su Palabra, se acomoda al lenguaje, cosmovisión y capacidad de comprensión de los receptores originales para comunicar de manera efectiva la verdad redentora.

En su Comentario al Génesis, Calvino escribió una de las afirmaciones más citadas y decisivas sobre este tema:

“Quien quiera aprender astronomía y otras artes reconditas, que vaya a otro lado. Aquí el Espíritu de Dios nos ha querido abrir la boca de forma torpe y bajo, ya que sabía que debía hablar a campesinos y pastores... Porque así como el que dicta una carta a un amanuense rudo, se acomoda a la capacidad de este, así también el Espíritu de Dios habla adecuadamente a nuestra rudeza.” — Juan Calvino, Comentario a Génesis 1:6

Note la fuerza de la afirmación: Calvino sostiene que el Espíritu Santo escogió deliberadamente un lenguaje “torpe y bajo” —es decir, no técnico ni científico— porque estaba hablando a pastores y campesinos del mundo antiguo. Esto no es imperfección en la Escritura; es pedagogía divina. Dios descendió a nuestro nivel para hacerse entender.

Calvino aplicó este principio repetidamente. En su comentario a Salmo 136:7 (“Al que hizo las grandes lumbreras...”), escribió que Moisés “no escribió como astrónomo, sino como profeta”, describiendo lo que el ojo humano ve, no lo que la ciencia técnica describiría. Igualmente, sobre el “sol que se detiene” en Josué 10, Calvino sostuvo que el milagro se describía en lenguaje fenomenológico —el lenguaje de la apariencia—, no en categorías astronómicas.

Esta es la hermenéutica reformada histórica: la Biblia describe el mundo tal como aparece al observador ordinario, no como lo describiría un tratado científico. Decir que “el sol sale” no es enseñar astronomía geocéntrica; es usar el lenguaje común y observacional —que seguimos usando hoy incluso en nuestros informativos del clima.

III. Génesis 1, el raqia y la bóveda celeste: ¿qué dice realmente el texto?

Uno de los textos más debatidos es la creación del firmamento en Génesis 1:6-8:

Génesis 1:6-8 “Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.”

La palabra hebrea traducida como “expansión” en Reina-Valera es raqia (רָקִיעַ), que deriva de la raíz raqa, “extender”, “golpear para formar una lámina”. En el mundo antiguo del Cercano Oriente, este término evocaba la imagen de una bóveda sólida que separaba las aguas superiores (la lluvia) de las aguas inferiores (mares y ríos). Es cierto que algunas versiones antiguas traducen raqia como “firmamento” (del latín firmamentum, “soporte firme”), reforzando la idea de solidez.

Pero la pregunta crítica es: ¿estaba Dios revelando una verdad cosmológica (que existe una bóveda sólida sobre nosotros), o estaba usando la cosmovisión de los receptores originales para comunicar una verdad teológica? La respuesta de la hermenéutica reformada clásica es la segunda.

El propósito teológico de Génesis 1:6-8 no es enseñar la estructura material del cielo, sino afirmar algo profundamente subversivo para el mundo antiguo: Yahvé, y no los dioses paganos, es quien separa las aguas, ordena el caos y establece límites. En las cosmologías babilónicas (como el Enuma Elish), las aguas superiores eran el cuerpo muerto de la diosa Tiamat, dividida por Marduk. En el relato bíblico, en cambio, no hay batalla ni dioses combatientes; Yahvé simplemente habla y el orden surge. Esa es la verdad que el texto quiere transmitir.

Job 37:18, donde se habla de los cielos “firmes como un espejo de metal fundido”, pertenece al mismo género de lenguaje acomodado y poético. El libro de Job está lleno de imágenes metafóricas —las puertas del mar (38:8-11), los almacenes de la nieve (38:22), el caballo que relincha ante la batalla (39:19-25)—. Tomar una de estas imágenes como enseñanza cosmológica literal, ignorando su género literario, viola el principio reformado de interpretar la Escritura según su género.

IV. Lenguaje fenomenológico: cuando la Biblia describe lo que se ve

Gran parte del lenguaje cosmológico de la Biblia es fenomenológico, es decir, describe el mundo tal como aparece al observador ordinario. Esto es perfectamente legítimo y lo seguimos usando hoy:

  • “El sol sale” / “el sol se pone” — Hoy sabemos que es la Tierra la que rota, pero nadie acusa al meteorólogo de televisión de “geocentrista” por usar esta expresión. La Biblia hace lo mismo en pasajes como Eclesiastés 1:5 (“Y sale el sol, y se pone el sol, y de nuevo se apresura hacia el lugar de donde nace”).
  • “Los confines de la tierra” — Expresión que aparece en pasajes como Salmo 19:4, Isaías 40:28, Marcos 13:27. No pretende enseñar que la Tierra tiene bordes físicos, sino designar “los lugares más lejanos habitados”. Es lenguaje hiperbólico y observacional.
  • “Los cuatro ángulos de la tierra” (Apocalipsis 7:1; Isaías 11:12) — Apocalipsis es literatura apocalíptica, llena de simbolismo. Los “cuatro ángulos” representan los puntos cardinales (Norte, Sur, Este, Oeste), no una geometría literal. Igual que cuando hoy decimos “la empresa tiene sucursales en los cuatro confines del país”.
  • “Los cimientos de la tierra” (Job 38:4; Salmo 104:5) — Imagen poética que evoca estabilidad, no cimientos físicos literales. Job 38 está escrito en poesía sapiencial con imágenes metafóricas ricas.
  • El árbol visible “hasta los confines de toda la tierra” (Daniel 4:10-11) — Este es un sueño de Nabucodonosor, no un texto descriptivo de geografía. Los sueños son simbólicos por naturaleza.
  • La tentación: “todos los reinos del mundo” (Mateo 4:8) — La clave está en “reinos”, no en “superficie plana”. Satanás mostró a Jesús las glorias políticas y humanas, no un mapa topográfico. Además, Lucas 4:5 especifica que esto ocurrió “en un momento”, sugiriendo una experiencia visionaria, no física.

En cada uno de estos casos, la interpretación reformada histórica reconoce que la Escritura está usando lenguaje acomodado, observacional o simbólico, no enseñanza científica. Esto no debilita la autoridad bíblica; la preserva de afirmaciones que la harían parecer ridícula ante los no creyentes, precisamente como advertía Agustín.

V. Implicaciones para la fe reformada: Sola Scriptura y la naturaleza

Como cristianos reformados, afirmamos con convicción el principio de Sola Scriptura: la Escritura es la única regla infalible de fe y práctica. Pero este principio no significa que la Biblia sea la única fuente de conocimiento en cualquier área. La Confesión de Fe de Westminster (1.6) aclara:

Confesión de Fe de Westminster 1.6 “Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria, y para la salvación, fe y vida del hombre, está expresamente expuesto en la Escritura, o por buena y necesaria consecuencia puede deducirse de ella; a la cual nada ha de añadirse, ya sea por nuevas revelaciones del Espíritu, ya sea por tradiciones de los hombres.”

Note cuidadosamente: la suficiencia de la Escritura se aplica a “las cosas necesarias para la gloria de Dios y la salvación, fe y vida del hombre”. No afirma que la Biblia sea suficiente como manual de matemáticas, de medicina o de astronomía. Dios nos dio dos libros: el libro de Su Palabra (la Escritura) y el libro de Sus obras (la creación). Ambos provienen de Él y, cuando se interpretan correctamente, no pueden contradecirse, porque Dios no se contradice a Sí mismo.

Calvino lo expresó bellamente: “El Espíritu Santo no ha pretendido enseñarnos la constitución del cielo; ha querido mostrarnos la bondad y la sabiduría de Dios en la creación del cielo”. La astronomía y la ciencia son estudio de la creación, que también glorifica a Dios (Salmo 19:1). Negar lo que la creación revela —a través de la observación rigurosa— sería despreciar el testimonio que Dios mismo ha puesto en el mundo que Él creó.

Aspecto Postura reformada clásica “Tierra plana” reciente
Naturaleza de la Biblia Revelación redentora Manual de ciencia
Lenguaje cosmológico Acomodado / fenomenológico Literal / técnico
Propósito de Génesis 1 Teológico: Yahvé es Creador Cosmológico: estructura física
Lectura de Job, Salmos, Apocalipsis Según género literario Literal en todos los casos
Relación con la ciencia Complementaria (dos libros de Dios) Antagónica (conspiración)
Hermenéutica ✓ Histórica-gramatical ✗ Literalista ingenua

VI. Aplicación pastoral: cómo leer la Biblia con fidelidad y humildad

Este tema tiene implicaciones prácticas importantes para la vida cristiana. Algunas aplicaciones concretas:

  • Honra el género literario de cada pasaje: La Biblia contiene narrativa histórica, poesía, sabiduría, profecía, apocalíptica y epístolas. No se puede leer un salmo poético como si fuera un tratado técnico, ni un sueño simbólico (como el de Daniel 4) como si fuera geografía. La fidelidad a la Escritura comienza por respetar cómo Dios quiso que cada parte fuera leída.
  • Discierne entre el vehículo lingüístico y la verdad teológica: Cuando la Biblia dice “los cimientos de la tierra” (Job 38:4), la verdad teológica es que Dios es el Creador soberano que establece el orden cósmico. El vehículo lingüístico —“cimientos”— pertenece a la cosmovisión antigua. La verdad permanece; el vehículo es acomodado.
  • No fuerces el texto más allá de su intención: Si un pasaje no pretende enseñar ciencia, no lo uses como si lo hiciera. Eso es tan serio como usar un pasaje histórico como si fuera poético. La integridad hermenéutica protege tanto la autoridad bíblica como nuestra credibilidad.
  • Humildad ante los misterios: Como dice Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros”. La Escritura nos revela lo necesario para salvación y vida piadosa; no todos los detalles del universo. Esta humildad es señal de fidelidad, no de debilidad.
  • Protege el testimonio del evangelio: Cuando los cristianos afirman cosas verificablemente falsas sobre el mundo físico en nombre de la Biblia, los no creyentes se escandalizan y se alejan del evangelio. La advertencia de Agustín sigue vigente: no demos a los no creyentes razón para despreciar la Escritura por causa de nuestra mala interpretación.

Preguntas para reflexión personal o comunitaria

  1. ¿Cómo entiendes la diferencia entre “lo que la Biblia enseña” (verdad teológica) y “el lenguaje que la Biblia utiliza” (descripción observacional)?
  2. El principio de acomodación de Calvino enseña que Dios se ajustó al lenguaje de los receptores originales. ¿Cómo esto te ayuda a leer con más claridad pasajes como Génesis 1 o los Salmos?
  3. Cuando encuentres un pasaje bíblico que parezca contradecir un hecho científico verificable, ¿cómo debes proceder? ¿Lo ignorarás, lo forzarás, o buscarás entender el género y propósito del texto?
  4. ¿Por qué es importante distinguir entre poesía (como Job y Salmos), narrativa (como Génesis y Josué) y apocalíptica (como Apocalipsis) al interpretar textos cosmológicos?
  5. ¿Cómo puedes usar este tema para glorificar a Dios como Creador, sin caer en afirmaciones que dañen tu testimonio cristiano ante los no creyentes?

VII. Conclusión

La Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, presenta al Dios soberano que crea, ordena y sostiene todas las cosas. El propósito de la Escritura no es enseñarnos la estructura material del cosmos, sino revelarnos al Creador, Su carácter, nuestra caída y Su redención en Cristo. La cosmología bíblica utiliza el lenguaje observacional de su época —como hoy utilizamos “el sol sale”— para comunicar verdad teológica profunda.

La hermenéutica reformada clásica, representada por Agustín, Calvino y las Confesiones reformadas, nos enseña a honrar el género literario de cada pasaje, a discernir entre el vehículo lingüístico y la verdad teológica, y a reconocer que Dios se acomoda a nuestra finitud para comunicarse con nosotros. Esto no debilita la autoridad bíblica; la exalta, porque muestra que el Dios soberano descendió para hacerse entender de pastores y campesinos, de teólogos y niños, de sabios y simples.

Como creyentes, no nos avergonzamos de lo que la Palabra afirma:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios,
y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1).
Que esta reflexión nos lleve a adorar al Dios
que extiende los cielos con Sus manos
y sostiene la creación por Su poder.

Que el Señor nos conceda fidelidad para sosterir Su Palabra con integridad, humildad para reconocer lo que no sabemos, y sabiduría para discernir lo que realmente nos ha revelado. Como dijo el propio Cristo: “Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Amén.

Oración “Padre eterno, te alabamos por habernos hablado en lenguaje acomodado a nuestra pequeñez. Gracias porque tu Palabra es lámpara a nuestros pies y luz a nuestro camino en todo lo que concierne a la salvación, la fe y la vida. Danos humildad para leerla con fidelidad al género literario, sabiduría para discernir tus verdades teológicas, y reverencia para no forzar el texto más allá de su intención. Que nuestra lectura de la Escritura glorifique tu nombre y edifique tu Iglesia. En el nombre de Jesucristo, Amén.”

Sobre el autor

Andrés Martínez es un creyente en Jesucristo, convencido de que la Biblia es la Palabra inspirada e inerrante de Dios, y de que la fe reformada expresa con mayor fidelidad las verdades del evangelio tal como fueron proclamadas por los apóstoles y redescubiertas en la Reforma del siglo XVI. Escribe en De la mano del Hijo para edificar a los hermanos que anhelan crecer en el conocimiento del Hijo de Dios.

andresfmartinezv@gmail.com
📷 @feylectura en Instagram

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Etiquetas: Cosmología bíblica Hermenéutica reformada Génesis 1 Principio de acomodación Calvino Sola Scriptura Inerrancia bíblica Teología Reformada Estudio Bíblico

La Escritura revela al Creador, no la estructura del cosmos · Soli Deo Gloria

jueves, 3 de abril de 2025

Entre el Abismo y las Llamas: Una Exploración Bíblica de los Reinos de la Justicia Divina.

Estudio Bíblico · Escatología Reformada

Entre el Abismo y las Llamas

Una exploración bíblica de los reinos de la justicia divina

“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”

— Mateo 25:41

En las profundidades de las Sagradas Escrituras encontramos términos que despiertan tanto asombro como temor reverente: el “abismo” y el “infierno”. Estas palabras evocan imágenes de oscuridad, juicio y el peso inescapable de la santidad de Dios. Pero, ¿son lo mismo? ¿Qué distingue el pozo sellado del abismo de las llamas eternas del infierno? ¿Por qué los demonios le temen al abismo (Lucas 8:31) si el infierno es el castigo final? ¿Acaso hay un propósito distinto en cada uno?

Como cristianos reformados, comprometidos con la autoridad suprema de la Palabra de Dios (Sola Scriptura), debemos desentrañar estos conceptos con reverencia, precisión exegética y humildad teológica. La Escritura no fue dada para satisfacer nuestra curiosidad morbosa sobre el infierno, sino para advertirnos solemnemente sobre la realidad del juicio divino y para conducirnos a Cristo, el único refugio contra la ira venidera.

En este estudio nos aproximaremos a estos temas siguiendo seis líneas de reflexión bíblica: el abismo como prisión temporal, el infierno como castigo eterno, las cuatro palabras bíblicas que se traducen como “infierno” (Sheol, Hades, Gehenna, lago de fuego), el contraste teológico entre ambos reinos, la visión reformada de la soberanía divina sobre el mal, y una aplicación pastoral que nos conduzca desde el terror del juicio a la cruz del Calvario.

Las seis líneas que examinaremos

  1. I. El abismo: el pozo de la oscuridad primordial y prisión espiritual
  2. II. Las cuatro palabras: Sheol, Hades, Gehenna, lago de fuego
  3. III. El infierno: las llamas de la justicia eterna
  4. IV. El contraste revelado: abismo versus infierno
  5. V. La visión reformada: soberanía y redención
  6. VI. Aplicación pastoral: del abismo a la cruz

I. El abismo: el pozo de la oscuridad primordial

Imagina un lugar envuelto en tinieblas, un abismo sellado donde las fuerzas del mal son contenidas por la mano soberana de Dios. Este es el “abismo” que las Escrituras nos presentan, un término que resuena desde los albores de la creación hasta los tiempos finales. Su historia comienza en Génesis 1:2:

Génesis 1:2 “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Aquí, el hebreo tehom pinta un cuadro de caos acuoso, una profundidad informe que precede al orden divino. No es un lugar de castigo, sino un estado primordial que Dios somete con Su palabra. El Espíritu Santo se movía sobre las aguas —imagen de soberanía y control—, preparando la creación ordenada que vendría.

A medida que avanzamos en la narrativa bíblica, sin embargo, el abismo evoluciona hacia algo más definido y siniestro. En Salmo 71:20, el salmista clama:

Salmo 71:20 “Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.”

Aunque metafórico, este uso sugiere una conexión con la aflicción y la muerte, un eco de la separación de la presencia de Dios. Pero es en el Nuevo Testamento donde el abismo (abyssos en griego) toma forma como un lugar específico y temido. En Lucas 8:31, los demonios imploran a Jesús:

Lucas 8:31 “Y le rogaban que no los mandase al abismo.”

¿Qué temen estas criaturas espirituales? Apocalipsis 9:1-2 nos ofrece una visión:

Apocalipsis 9:1-2 “Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno, y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo.”

El abismo es un “pozo” sellado, una prisión de oscuridad de donde emergen seres demoníacos bajo el juicio soberano de Dios. Más adelante, en Apocalipsis 20:1-3, su propósito se aclara aún más:

Apocalipsis 20:1-3 “Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso sellos sobre él, para que no engañase más a las naciones.”

Aquí, el abismo es claramente un lugar de reclusión temporal, una celda divina para Satanás y sus huestes. No es su destino final, sino su prisión provisional mientras se desarrolla el drama redentor. Como señala el teólogo reformado Louis Berkhof:

“El abismo es un lugar de tinieblas, ordenado por la sabiduría de Dios para contener a los rebeldes espirituales hasta que su juicio final sea ejecutado. No es su fin, sino su cadena.” — Louis Berkhof, Teología Sistemática

El abismo, entonces, no es un destino eterno, sino un instrumento de la soberanía divina, un preludio al castigo final. Dios incluso usa la prisión temporal como prueba de Su control absoluto sobre las fuerzas espirituales rebeldes.

II. Las cuatro palabras: Sheol, Hades, Gehenna, lago de fuego

Antes de abordar el infierno como castigo eterno, necesitamos hacer una precisión exegética fundamental que casi nunca se enseña desde los púlpitos: el término “infierno” en nuestras Biblias abarca varias palabras originales distintas, cada una con su propio significado. No todas se refieren al destino final de los condenados. Veamos:

Término original Significado Naturaleza Ejemplo bíblico
Sheol (hebreo) Reino de los muertos Temporal / intermedio Salmo 16:10
Hades (griego) Equivalente NT de Sheol Temporal / intermedio Lucas 16:23
Gehenna (griego) Fuego eterno de castigo Eterno Marcos 9:43
Lago de fuego Destino final definitivo Eterno / final Apocalipsis 20:14

Esta distinción es crucial. Sheol (en el AT) y su equivalente griego Hades (en el NT) se refieren al estado intermedio de los muertos antes del juicio final —no son el infierno eterno, sino el lugar de espera donde los impíos ya experimentan tormento preliminar, pero no el castigo definitivo. La parábola del rico y Lázaro en Lucas 16:19-31 ilustra este estado intermedio: el rico está en tormento en el Hades, pero el Hades mismo será arrojado al lago de fuego al final (Apocalipsis 20:14).

Gehenna es el término que Jesús usa con más frecuencia para referirse al castigo eterno. Deriva del Valle de Hinom, un sitio cercano a Jerusalén donde en tiempos del AT se habían practicado sacrificios infantiles al dios Moloc (2 Reyes 23:10; 2 Crónicas 28:3), y que el rey Josías profanó convirtiéndolo en un lugar de quema constante de basura. El fuego perpetuo y los gusanos de Gehenna se convirtieron en la metáfora natural para el castigo eterno.

Finalmente, el lago de fuego aparece solo en Apocalipsis (19:20; 20:10, 14-15; 21:8) y representa el destino final y definitivo de Satanás, la bestia, el falso profeta, la muerte, el Hades y todos los impíos. Es el “infierno” en su forma más consumada y eterna.

III. El infierno: las llamas de la justicia eterna

Si el abismo es una prisión temporal, el infierno —entendido como Gehenna y lago de fuego— es el tribunal eterno de Dios, un lugar donde Su ira contra el pecado arde sin fin. Jesús mismo lo enseñó con solemnidad en Mateo 25:41:

Mateo 25:41 “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”

Note tres verdades sobrecogedoras en este texto. Primero, el fuego es “eterno” —no temporal ni aniquilador, sino sin fin. Segundo, fue “preparado” —no improvisado tras la caída, sino ordenado por la soberanía de Dios desde antes de la creación. Tercero, fue preparado originalmente “para el diablo y sus ángeles” —los seres humanos que allí terminan lo hacen porque rechazaron a Cristo y se aliaron, en efecto, con el reino de las tinieblas.

En Marcos 9:47-48, Jesús advierte aún más gráficamente:

Marcos 9:47-48 “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno [Gehenna], donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.”

Estas no son palabras de un fanático, sino del Hijo de Dios encarnado, que ama a los pecadores y advierte con verdad. La frase “el gusano de ellos no muere” es una cita directa de Isaías 66:24, donde el profeta ve los cadáveres de los rebeldes consumidos perpetualmente. Jesús aplica esta imagen al destino eterno de los impíos.

La culminación del infierno aparece en Apocalipsis 20:14-15:

Apocalipsis 20:14-15 “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

El “lago de fuego” es el infierno en su forma definitiva, el destino eterno tras el juicio final. Incluso la muerte y el Hades —estados y lugares intermedios— son arrojados allí, consumiéndose todo lo relacionado con el pecado y la separación de Dios. Louis Berkhof lo define con precisión teológica:

“El infierno es la separación eterna de la presencia benigna de Dios, un estado de tormento consciente y justo para los réprobos y los ángeles caídos, ejecutado con perfecta equidad.” — Louis Berkhof

IV. El contraste revelado: abismo versus infierno

Con el abismo y el infierno definidos, comparemos ahora sus diferencias en un lienzo teológico, trazando sus contornos en cuatro dimensiones clave: propósito, naturaleza, cronología y habitantes.

Dimensión El abismo El infierno (lago de fuego)
Propósito Prisión temporal de seres espirituales Castigo eterno de impíos y demonios
Naturaleza Oscuridad y reclusión (no tormento activo) Tormento consciente, fuego eterno
Cronología Temporal (mil años, Ap 20:3) Eterno, sin fin (Ap 20:10)
Habitantes Demonios y Satanás (no humanos) Impíos humanos + Satanás + ángeles caídos
Función teológica Control divino sobre el mal durante la historia Vindicación final de la santidad de Dios
Pasajes clave Lc 8:31; Ap 9:1; Ap 20:1-3; 2 P 2:4 Mt 25:41; Mr 9:43; Ap 20:10, 14-15; 21:8

V. La visión reformada: soberanía y redención

La teología reformada, anclada en la Sola Scriptura, ve el abismo y el infierno como expresiones complementarias de la soberanía de Dios sobre el mal. Ni el mal espiritual ni el juicio final escapan al control divino; ambos están subordinados a Su propósito eterno. Charles Spurgeon lo proclamó con elocuencia:

“El abismo es la celda donde el Todopoderoso encadena a los rebeldes espirituales, un testimonio de su dominio; el infierno es su tribunal final, donde la justicia resplandece en llamas eternas.” — Charles H. Spurgeon

R.C. Sproul, en su obra La Santidad de Dios, añade una perspectiva complementaria:

“El abismo es un preludio al infierno, una sombra de la sentencia final. Ambos declaran que Dios no negocia con el pecado, sino que lo somete a su voluntad santa.” — R.C. Sproul

Un pasaje clave para entender esta dimensión es 2 Pedro 2:4:

2 Pedro 2:4 “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno [Tártaro] los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.”

Aquí aparece un quinto término —Tártaro—, usado solo en este versículo del NT, que en la mitología griega designaba la prisión más profunda de los dioses caídos. Pedro, bajo inspiración, lo toma como imagen de una prisión de oscuridad donde los ángeles caídos están reservados para el juicio final. Es decir, están en una celda temporal esperando la sentencia definitiva. No es su destino final, sino su prisión preventiva.

Esto refuerza el principio reformado: el mal no autónomo ni fuera de control. Satanás no anda suelto haciendo lo que quiere; está bajo el permiso soberano de Dios, y ya tiene reservada su prisión y su condena. Como dice la Confesión de Fe de Westminster (5.4):

Confesión de Fe de Westminster 5.4 “La potencia, sabiduría y bondad de Dios son tales, que se extienden hasta los primeros y últimos, y a todas las acciones de sus criaturas, de manera que ninguna cosa ocurre por azar, sino que viene de Dios con designio; y aunque Él, en Su providencia, permite el pecado, lo hace con sabiduría y poder para ordenarlo de manera que redunde en Su propia gloria.”

VI. Aplicación pastoral: del abismo a la cruz

El estudio del abismo y del infierno no debería dejarnos en el terror morboso, sino conducirnos a Cristo. Algunas aplicaciones concretas:

  • Toma en serio la realidad del juicio: Si algo enseñan estos textos es que el Dios de la Biblia no toma el pecado a la ligera. La misma justicia que encadena a los ángeles caídos en el abismo y los arroja al lago de fuego es la justicia que caerá sobre todo pecador impenitente. Como dice el autor de Hebreos: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).
  • Huye a Cristo, el único refugio: Cristo descendió a las profundidades (Efesios 4:9) y venció el poder del abismo por Su muerte y resurrección. En la cruz, Él absorbió la ira de Dios que merecíamos, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16). El infierno existe, pero no tiene por qué ser tu destino.
  • Confía en la soberanía de Dios sobre el mal: Si Dios encierra a Satanás en el abismo con solo una orden y un ángel con una cadena, ¿por qué temer las fuerzas espirituales? Cristo ya venció al maligno en la cruz (Colosenses 2:15). El diablo no es rival de Dios; es un prisionero en espera de sentencia.
  • Proclama el evangelio con urgencia: Si la realidad del infierno es cierta —y lo es—, no podemos guardar el evangelio para nosotros. El amor cristiano exige advertir a los perdidos. Como dijo Spurgeon: “Si el infierno es real, el silencio del cristiano es cruel”.
  • Examina tu propia salvación: No asumas que estás a salvo solo porque asistes a la iglesia o llevas el nombre de cristiano. ¿Has confiado genuinamente en Cristo como Salvador y Señor? ¿Hay frutos de arrepentimiento en tu vida? Como dice Pablo: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5).

Preguntas para reflexión personal o comunitaria

  1. ¿Has comprendido antes la diferencia entre Sheol/Hades (estado intermedio) y Gehenna/lago de fuego (castigo eterno)? ¿Cómo cambia esto tu lectura de pasajes como Lucas 16:19-31 o Apocalipsis 20?
  2. ¿Por qué crees que los demonios le temían al abismo en Lucas 8:31? ¿Qué nos revela esto sobre el control soberano de Dios sobre las fuerzas espirituales?
  3. ¿Cómo deberíamos reaccionar, como cristianos, ante la realidad del infierno eterno? ¿Con indiferencia, con miedo, con urgencia misionera, con gratitud por la cruz?
  4. Si el infierno fue “preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41), ¿qué revela esto sobre por qué los seres humanos terminan allí? ¿Cómo podemos evitar ese destino?
  5. ¿Estás proclamando el evangelio con la urgencia que la realidad del infierno demanda? ¿A quién podrías compartirle esta semana la verdad de la salvación en Cristo?

VII. Conclusión: del abismo a la cruz

El abismo y el infierno, aunque relacionados, son distintos en las Escrituras. El abismo es el pozo temporal donde Dios restringe el mal espiritual, un recordatorio de Su poder sobre las tinieblas y un preludio del juicio. El infierno es el fuego eterno, el destino final donde la justicia divina arde contra el pecado impenitente y vindica la santidad de Dios. La Confesión de Fe de Westminster (Capítulo XXXIII, sección 2) lo resume con sobriedad reformada:

Confesión de Fe de Westminster XXXIII.2 “Entonces, al fin del día, los impíos serán separados de los justos, y puestos en el infierno, donde permanecerán en tormento y oscuridad absoluta, reservados para el fuego del día del juicio y tormento eterno.”

Sin embargo, esta verdad no nos deja sin esperanza. Cristo, quien descendió a las profundidades (Efesios 4:9) y venció el poder del abismo, nos libra del infierno por Su cruz. En el Calvario, el Hijo de Dios absorbió la ira que nosotros merecíamos, para que todo aquel que en Él cree no perezca, mas tenga vida eterna. La pregunta no es si el infierno es real —lo es—, sino si hemos hallado refugio en el único Salvador.

El abismo muestra a Dios soberano sobre el mal.
El infierno muestra a Dios justo contra el pecado.
La cruz muestra a Dios misericordioso con los pecadores.
Cristo es el único refugio
entre el abismo y las llamas.

Oración “Padre santo y soberano, te adoramos por tu justicia perfecta que no puede tolerar el mal, y por tu misericordia infinita que provee salvación en Cristo. Gracias porque Jesús descendió a las profundidades y venció el poder del abismo, para que nosotros no tuviéramos que enfrentar el fuego eterno. Danos corazones agradecidos por la cruz, valentía para proclamar el evangelio a los perdidos, y fidelidad para vivir como hijos de la luz. Que ni la complacencia ni el olvido del juicio nos hagan tibios, sino que el amor de Cristo nos constriña. En Su nombre, Amén.”

Sobre el autor

Andrés Martínez es un creyente en Jesucristo, convencido de que la Biblia es la Palabra inspirada e inerrante de Dios, y de que la fe reformada expresa con mayor fidelidad las verdades del evangelio tal como fueron proclamadas por los apóstoles y redescubiertas en la Reforma del siglo XVI. Escribe en De la mano del Hijo para edificar a los hermanos que anhelan crecer en el conocimiento del Hijo de Dios.

andresfmartinezv@gmail.com
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