• Malaquías 3:10 es uno de esos versículos que resuena en casi todas las iglesias donde el dinero y la fe se cruzan.
  • En muchas iglesias contemporáneas, es común escuchar a líderes autoproclamarse "apóstoles", reclamando una autoridad especial y un estatus elevado dentro del cuerpo de Cristo.
  • En muchos círculos cristianos, Apocalipsis 3:20 se ha convertido en un versículo emblemático para el evangelismo.
  • La doctrina de la "confesión positiva" enseña que nuestras palabras tienen el poder de crear milagros, pero ¿es esto bíblico? Este artículo examina sus orígenes, contrastándolos con las Escrituras, y advierte sobre su peligrosa desviación del verdadero evangelio de Cristo.
  • La historia de la mujer con el flujo de sangre (Mateo 9:20-22, Marcos 5:25-34, Lucas 8:43-48) es más que un milagro físico: es una lección profunda sobre la verdadera fe. Más allá de la sanidad, Jesús le otorgó salvación, destacando que no fue el manto el que la curó, sino su confianza en Él. Este capítulo explora el significado espiritual de su historia y nos desafía a buscar a Cristo, no solo por sus milagros, sino por la vida eterna que ofrece.
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domingo, 19 de julio de 2026

Efesios 2:20 - ¿Existen Los Apóstoles Hoy Día?

Estudio Bíblico · Eclesiología Reformada

¿Existen Apóstoles Hoy Día?

Una perspectiva bíblica y reformada sobre el oficio apostólico

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”

— Efesios 2:20

En muchas iglesias contemporáneas, especialmente dentro de los movimientos neopentecostales y de la llamada “Nueva Reforma Apostólica”, es común escuchar a líderes autoproclamarse “apóstoles”, reclamando una autoridad especial y un estatus elevado dentro del cuerpo de Cristo. Se les ve en plataformas prominentes, rodeados de séquitos, con títulos como “Apóstol”, “Apóstol Mayor” o incluso “Apóstol de Dios en la Tierra”, y sus palabras se reciben con una reverencia que debería reservarse únicamente para la Escritura.

Sin embargo, al examinar las Sagradas Escrituras con diligencia y sumisión a su autoridad, descubrimos que el oficio de apóstol, tal como fue establecido en el Nuevo Testamento, tiene características únicas y requisitos específicos que no pueden cumplirse en la actualidad. En este estudio, exploraremos qué dice la Biblia sobre los apóstoles, quiénes calificaban para este oficio, por qué el cargo fue cerrado al final del primer siglo, y por qué debemos ser cautelosos con aquellos que hoy reclaman este título sin fundamento bíblico.

I. ¿Qué es un apóstol según la Escritura?

La palabra “apóstol” proviene del griego apostolos (ἀπόστολος), que significa “enviado” o “mensajero”. En el mundo greco-romano del primer siglo, el término designaba a un delegado oficial, alguien comisionado con autoridad para representar al que lo enviaba. En la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento), la palabra se usaba ocasionalmente para traducir el hebreo shaliaj, que designaba a un enviado legal con plenos poderes para actuar en nombre de quien lo comisionaba.

Sin embargo, en el contexto del Nuevo Testamento, el término tiene un significado mucho más específico cuando se aplica a los apóstoles de Jesucristo. No todos los “enviados” en un sentido general (como lo serían los misioneros hoy) califican como apóstoles en el sentido técnico y carismático que la Escritura les otorga. Hay una diferencia entre ser enviado como misionero y ser Apóstol de Cristo con mayúsculas.

Según las Escrituras, un apóstol en el sentido técnico debía cumplir con dos requisitos fundamentales e innegociables:

  • 1. Haber sido testigo ocular del Cristo resucitado: Esto incluía haber visto a Jesús después de Su resurrección, como un testimonio directo y verificable de Su victoria sobre la muerte. El apóstol no predicaba un rumor, sino lo que había visto con sus propios ojos.
  • 2. Haber sido comisionado personalmente por Jesús: Los apóstoles no se autoproclamaban ni eran electos por asambleas; eran escogidos y enviados directamente por el Señor para cumplir una misión única en los fundamentos de la iglesia.

Estos requisitos se ven claramente en el proceso de selección del reemplazo de Judas Iscariote, registrado en Hechos 1:21-22:

Hechos 1:21-22 “Es necesario, pues, que de los hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección.”

Matías fue elegido porque cumplía con estos criterios: había acompañado a Jesús durante Su ministerio terrenal (desde el bautismo de Juan hasta la ascensión) y había sido testigo de Su resurrección. Su elección fue confirmada por oración y sorteo bajo la dirección soberana de Dios (Hechos 1:24-26), demostrando que ni siquiera la iglesia tenía autoridad para designar apóstoles por sí sola; era Cristo mismo quien los escogía, y la comunidad solo reconocía Su elección.

II. Pablo: el apóstol “como a un abortivo”

El apóstol Pablo también cumple con estos requisitos, aunque de una manera única y extraordinaria. En 1 Corintios 9:1, él mismo declara:

1 Corintios 9:1 “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?”

Pablo tuvo un encuentro directo con el Cristo resucitado en el camino a Damasco (Hechos 9:3-6), y fue comisionado personalmente por Jesús para ser “apóstol a los gentiles” (Romanos 11:13; Gálatas 1:15-16). Sin embargo, Pablo también señala algo crucial en 1 Corintios 15:8:

1 Corintios 15:8 “Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

Con esta declaración solemne, Pablo afirma que él fue el último apóstol escogido por Cristo. Su uso del término “abortivo” (ektroma) indica que su apostolado fue extraordinario y fuera de tiempo: no formó parte del grupo original de los doce, no acompañó a Jesús durante Su ministerio terrenal, pero recibió revelaciones directas del Señor resucitado para compensar su falta de instrucción previa (Gálatas 1:11-12).

La lista de apariciones de Cristo resucitado que Pablo ofrece en 1 Corintios 15:5-8 —a Pedro, a los doce, a más de quinientos hermanos, a Santiago, a todos los apóstoles y finalmente a él mismo— parece cerrar definitivamente el círculo de aquellos que fueron testigos directos y comisionados como apóstoles. No hay indicación en las Escrituras de que este oficio continuaría más allá de esta generación fundacional.

III. El rol único de los apóstoles en la iglesia

Los apóstoles desempeñaron un papel absolutamente único en la fundación de la iglesia. Efesios 2:20 nos enseña que la iglesia está “edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. Un fundamento, por su propia naturaleza, se pone una sola vez al inicio; no se continúa edificando capa tras capa de fundamento por los siglos. Una vez puesto, lo que sigue es la edificación de la superestructura sobre ese cimiento.

Además, los apóstoles tenían una autoridad exclusiva para establecer doctrina y guiar a la iglesia primitiva. Sus escritos, inspirados por el Espíritu Santo, forman parte del canon del Nuevo Testamento y son la norma infalible para toda enseñanza cristiana. Pablo podía decir con autoridad: “Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37). Ningún líder actual puede legítimamente hacer esa afirmación.

También tenían donde milagrosos que autenticaban su ministerio, los llamados “señales de apóstol” mencionados en 2 Corintios 12:12: “Con todo, las señales de apóstol se han hecho entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.” Estos milagros no eran para beneficio personal del apóstol, sino para validar que su mensaje venía de Dios. Cuando el fundamento quedó completo y el Nuevo Testamento fue escrito, estos dones de señalización cesaron, pues ya no eran necesarios.

IV. Comparación: Apóstoles bíblicos vs. “apóstoles” modernos

Aspecto Apóstoles del NT “Apóstoles” modernos
Testigos del Cristo resucitado ✓ Sí (Hch 1:21-22) ✗ Imposible
Comisionados directamente por Cristo ✓ Sí (Mc 3:14) ✗ Se autoproclaman
Escribieron Escritura inspirada ✓ Sí (NT) ✗ No
Hacían señales y milagros autenticadores ✓ Sí (2 Co 12:12) ✗ No verificables
Forman parte del fundamento de la iglesia ✓ Sí (Ef 2:20) ✗ El fundamento ya está puesto
¿Tienen autoridad bíblica vigente? ✓ SÍ (a través de sus escritos) ✗ NO

V. ¿Existen apóstoles hoy día?

Dado lo que las Escrituras enseñan sobre los requisitos y el rol de los apóstoles, debemos concluir con firmeza bíblica que no existen apóstoles en el sentido técnico del Nuevo Testamento en la actualidad. Nadie hoy puede cumplir con los criterios de haber visto al Cristo resucitado y haber sido comisionado directamente por Él. Además, el fundamento de la iglesia ya ha sido establecido, y la revelación de Dios ha sido completada en las Sagradas Escrituras (Apocalipsis 22:18-19; Judas 3).

Cualquier persona que reclame el título de “apóstol” con la misma autoridad que los apóstoles del Nuevo Testamento está yendo más allá de lo que la Biblia permite y, en la práctica, está colocando su palabra por encima o al mismo nivel que la Escritura. Esto es exactamente lo que denunciaba el apóstol Juan cuando escribió: “No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

Sin embargo, es importante hacer una distinción justa: la palabra “apóstol” puede usarse en un sentido secundario y más amplio para referirse a “enviados” o misioneros (como en el caso de Bernabé en Hechos 14:14, quien es llamado “apóstol” en un sentido genérico de enviado de la iglesia, no en el sentido técnico de los Doce). También Silvano y Timoteo son llamados así en 1 Tesalonicenses 2:6 en un sentido amplio. Pero este uso no implica que tuvieran la misma autoridad o función que los doce y Pablo. En la iglesia contemporánea, los pastores, maestros, evangelistas y misioneros cumplen roles vitales para edificar al cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-12), pero ninguno de ellos es un apóstol en el sentido técnico y carismático del Nuevo Testamento.

VI. El peligro de la obsesión con títulos y poder

Lamentablemente, en muchas iglesias modernas, el título de “apóstol” se ha convertido en un símbolo de poder, prestigio y autoridad que no está respaldado por la Escritura. Esta obsesión con títulos elevados refleja una sed de reconocimiento humano que es contraria al espíritu humilde de Jesucristo. Como dijo el Señor en Marcos 10:43-44:

Marcos 10:43-44 “Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.”

En lugar de buscar títulos grandiosos, los líderes de la iglesia deben imitar el ejemplo de Cristo, quien “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). La verdadera grandeza en el reino de Dios no se mide por el nombre que llevamos, sino por la humildad y fidelidad con que servimos.

Además, esta obsesión con títulos a menudo va acompañada de un culto casi idolátrico hacia personalidades famosas dentro de la iglesia. Muchos creyentes, en lugar de aferrarse a la Palabra de Dios, depositan su fe en líderes carismáticos que prometen bendiciones o revelaciones especiales. Esto no solo desvía la gloria que pertenece únicamente a Cristo, sino que también expone a los creyentes al engaño y a falsas enseñanzas, como las que denunció Pablo a los corintios: “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11:4).

VII. Aplicación pastoral para hoy

Hermano lector, la enseñanza bíblica sobre el apostolado no es un tema académico sin importancia práctica. Tiene implicaciones directas para tu vida cristiana y para la salud espiritual de la iglesia. Algunas aplicaciones concretas:

  • Somete toda enseñanza a la Escritura: Cualquier líder, por más carismático que sea, debe ser evaluado por la Palabra de Dios. Si alguien enseña algo contrario a la Escritura, o reclama autoridad equivalente a ella, aléjate (Hch 17:11; Gá 1:8-9).
  • Desconfía de los títulos inflados: Cuando un líder exige ser llamado “apóstol”, “profeta” o “ungido” y exige sumisión incondicional, eso es una señal de alerta. Los verdaderos siervos de Cristo no buscan su propia gloria (Jn 7:18).
  • Busca una iglesia fiel: Donde se predique expositivamente la Palabra, donde los líderes sean pastores que sirven y no señores que dominan, donde se respete la autoridad única de la Escritura (1 P 5:1-4).
  • Abraza la humildad del evangelio: No necesitas un título elevado para ser usado por Dios; necesitas un corazón humilde, una vida consagrada y una fe arraigada en la Palabra. “Al pie de la cruz, todos somos párvulos”.

Preguntas para reflexión personal o grupal

  1. ¿He puesto mi confianza en algún líder humano por encima de la autoridad de la Escritura?
  2. ¿Sé discernir entre un pastor fiel y un falso apóstol que busca su propia gloria?
  3. ¿Estoy dispuesto a humillarme y servir sin buscar reconocimiento, siguiendo el ejemplo de Cristo?
  4. ¿Mi iglesia local se somete a la Escritura como autoridad final, o sigue “revelaciones” extras-bíblicas de líderes carismáticos?

VIII. Conclusión

La Escritura nos enseña que los apóstoles del Nuevo Testamento fueron un grupo único e irrepetible, escogido por Cristo para establecer el fundamento de la iglesia. Su autoridad y función no tienen paralelo en la iglesia actual, pues nadie puede cumplir con los requisitos que ellos cumplieron ni reclamar la misma revelación directa que ellos recibieron. El fundamento ya está puesto; Cristo es la piedra angular; la Escritura está completa.

Si alguien te invita a seguir a un “apóstol” moderno
con autoridad sobre las Escrituras,
examina sus palabras a la luz de la Biblia.
Nuestra lealtad suprema es a Cristo,
no a hombres.

Que el Señor nos conceda discernimiento para reconocer la verdad, humildad para servirle sin buscar gloria para nosotros mismos, y fidelidad para sostenernos en la roca de Su Palabra. Que nuestro único deseo sea exaltar a Cristo, el verdadero fundamento y cabeza de la iglesia, el cual es sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén. (Romanos 9:5).

Oración “Padre celestial, gracias por habernos dado el fundamento seguro de los apóstoles y profetas, con Cristo como piedra angular. Danos discernimiento para no seguir voces que se elevan por encima de Tu Palabra, y humildad para servir a Tu iglesia como Tú nos has servido. Que Cristo sea exaltado en todo, y que ninguno de nosotros busque gloria para sí mismo. En el nombre de Jesucristo, Amén.”

Sobre el autor

Andrés Martínez es un creyente en Jesucristo, convencido de que la Biblia es la Palabra inspirada e inerrante de Dios, y de que la fe reformada expresa con mayor fidelidad las verdades del evangelio tal como fueron proclamadas por los apóstoles y redescubiertas en la Reforma del siglo XVI. Escribe en De la mano del Hijo para edificar a los hermanos que anhelan crecer en el conocimiento del Hijo de Dios.

andresfmartinezv@gmail.com
📷 @feylectura en Instagram

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Cristo es el fundamento · Soli Deo Gloria

jueves, 13 de marzo de 2025

Hechos 14:15 - Adorando al Ungido.




 
hombre de traje, sobre una tarima, esta de espaldas a la cámara mirando al publico, en la parte de abajo vemos a ese publico, muchas personas adorando a este hombre, están aplaudiendolo y muy emocionados


¿A Quién Damos Nuestra Gloria?

La historia de Pablo y Bernabé en Listra, narrada en Hechos 14:8-18, nos confronta con una tendencia peligrosa que sigue presente en la iglesia hoy día: la inclinación a adorar a los hombres en lugar de a Dios. Cuando un hombre cojo fue sanado por el poder de Dios a través de Pablo, la multitud reaccionó de manera equivocada, proclamando que Pablo y Bernabé eran dioses y preparándose para ofrecerles sacrificios. Aunque los apóstoles se horrorizaron y corrigieron inmediatamente este error, la escena nos recuerda que el corazón humano tiende a desviar su adoración hacia lo visible, ignorando al verdadero Autor de toda obra poderosa. En este capítulo, examinaremos este pasaje, reflexionaremos sobre su relevancia actual y recordaremos que solo Cristo es digno de nuestra adoración y obediencia.

El Error de Listra: Una Idolatría Involuntaria

En Hechos 14:8-13, vemos cómo la sanidad de un hombre cojo, quien nunca había caminado, desató una reacción desmedida entre los habitantes de Listra. Al presenciar el milagro, la multitud exclamó en su idioma licaonio:


"¡Los dioses han tomado forma humana, y han venido a visitarnos!"


Pensaron que Bernabé era Zeus y que Pablo, por ser el que hablaba, era Hermes. El sacerdote del templo de Zeus incluso trajo toros y adornos de flores para ofrecer sacrificios en su honor. La reacción de la gente no fue malintencionada; en su ignorancia, simplemente atribuyeron el poder del milagro a los hombres que podían ver, en lugar de al Dios invisible que lo obró.

Esta respuesta refleja una inclinación natural del corazón humano: enfocarnos en lo tangible y visible. Aunque los habitantes de Listra no conocían al Dios verdadero, su error nos sirve de advertencia. La idolatría no siempre es intencional ni evidente; a veces comienza con una admiración mal dirigida que termina robándole la gloria a Dios.

La Idolatría Moderna: Adorando a los "Ungidos"

Tristemente, más de dos mil años después, este mismo error sigue manifestándose en muchas iglesias. Cuando presenciamos señales, sanidades o cualquier manifestación que atribuimos al poder de Dios, a menudo nuestra atención se desvía hacia los líderes visibles que parecen ser los instrumentos de estas obras. Algunos incluso fomentan esta admiración, promoviendo títulos como "ungidos", "apóstoles" o "profetas", y enseñando doctrinas que refuerzan su autoridad sobre la congregación.

Estos líderes pueden exigir obediencia ciega, honra desmedida o fidelidad absoluta, justificándolo con pasajes bíblicos fuera de contexto. Sin embargo, esta actitud no solo contradice el espíritu humilde de Cristo, sino que también fomenta una idolatría anticristiana que Dios aborrece. Jesús advirtió en Mateo 7:22-23 que muchos que obran milagros en Su nombre no necesariamente Le pertenecen:


"Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad."


Asimismo, Pablo nos alerta en 2 Corintios 11:14 que Satanás mismo se disfraza como ángel de luz, y sus siervos se disfrazan como ministros de justicia. No todo lo que parece milagroso proviene de Dios, y no todo líder que parece "ungido" merece nuestra adoración.

La Respuesta de Pablo y Bernabé: Un Ejemplo de Humildad

La reacción de Pablo y Bernabé ante la idolatría de Listra es un modelo para todos los siervos de Dios. Al darse cuenta de lo que la gente pretendía hacer, rompieron sus ropas en señal de horror y se apresuraron a corregir el error, exclamando:


"¡Oigan! ¿Por qué hacen esto? Nosotros no somos dioses, somos simples hombres, como ustedes. Por favor, ya no hagan estas tonterías, sino pídanle perdón a Dios. Él es quien hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos." (Hechos 14:15).


Los apóstoles no aprovecharon la oportunidad para engrandecerse ni para ganar seguidores. Al contrario, señalaron inmediatamente al Dios verdadero como el único digno de adoración. Su humildad y su celo por la gloria de Dios contrastan con muchos líderes modernos que parecen disfrutar de la atención y el poder que la admiración de las masas les otorga. Pablo y Bernabé entendían que su papel era ser siervos, no señores, y que toda honra pertenece únicamente a Dios (Apocalipsis 4:11).

¿A Quién Obedecemos? Solo a Cristo

La Biblia es clara: nuestra obediencia, honra y fidelidad deben estar dirigidas a Dios, no a hombres. En Hechos 4:19 y 5:29, los apóstoles declararon que debemos obedecer a Dios antes que a los hombres cuando sus mandatos entran en conflicto. Pablo también nos exhorta en Gálatas 1:10:
 
"¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo."
 
Esto no significa que no debamos respetar a los líderes piadosos que Dios ha puesto sobre nosotros (Hebreos 13:17), pero nuestra lealtad última es a Cristo y a Su Palabra. Ningún líder humano debe ocupar el lugar que solo pertenece a Dios en nuestras vidas.

Cristo, el Único Mediador y Sumo Sacerdote

La buena noticia del evangelio es que no necesitamos intermediarios humanos ni "ungidos" para acercarnos a Dios. Cuando Jesús murió en la cruz, el velo del templo se rasgó de arriba abajo (Mateo 27:51), simbolizando que el acceso directo a la presencia de Dios ahora estaba abierto para todos los que creen en Cristo. Como dice Hebreos 10:19-20:


"Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne."

Jesús es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 4:14-16), nuestro único Mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5). No necesitamos a nadie más para acercarnos al Padre; Su obra terminada en la cruz es suficiente. Esto significa que cada creyente tiene acceso directo a Dios a través de Cristo, sin necesidad de terceros ni figuras humanas que se interpongan.

Busquemos la Verdad en Cristo y Su Palabra

Amado lector, la advertencia de Listra sigue siendo relevante hoy: no permitamos que nuestra admiración por líderes visibles nos lleve a una idolatría encubierta. La sanidad del cojo en Listra no fue obra de Pablo ni de Bernabé, sino de Dios, y ellos se aseguraron de que la gloria fuera dada al único que la merece. De la misma manera, debemos ser responsables de nuestro alimento espiritual y buscar la verdad directamente en la Palabra de Dios.

Jesús mismo nos dice en Juan 14:6:


"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí."


No desviemos nuestra adoración hacia hombres, por más "ungidos" que parezcan. No permitamos que la búsqueda de señales o milagros nos distraiga del verdadero Ungido, Jesucristo, quien es el único digno de toda honra, gloria y alabanza. Escudriñemos las Escrituras con diligencia, sometamos nuestras vidas a Cristo con humildad y vivamos como sacerdotes reales que tienen acceso directo al Lugar Santísimo por la sangre de nuestro Salvador.

Que nuestro corazón proclame siempre: 
 
"Solo a Ti, Señor, adoramos; solo a Ti obedecemos." 
 
Que la gloria sea dada únicamente a Aquel que se sentó en el trono y que vive por los siglos de los siglos (Apocalipsis 5:13).